Ecuador. jueves 21 de septiembre de 2017
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La leyenda de Humphrey Bogart se mantiene incluso 60 años después de su muerte

Nueva York (EFE).- Sesenta años después de fallecido, la leyenda de Humphrey Bogart, protagonista de películas emblemáticas como “Casablanca”, “El halcón maltés”, y “La reina de África”, sigue plenamente vigente.


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Sus memorables actuaciones, su mirada penetrante y su imagen ruda y con un cigarrillo en la boca siguen presentes a seis décadas de la muerte del neoyorquino, que nació un 25 de diciembre de 1899, considerado la primera estrella masculina más importante de los primeros 100 años del cine en EE.UU.

Un cáncer de esófago acabó con la vida, a los 57 años, del Rick Blaine de la mítica historia de amor “Casablanca” (1942), que le catapultó, y que realizó junto a la también inolvidable Ingrid Bergman, que en ese entonces comenzaba su carrera.

Sin embargo, la que le dio el Óscar al actor, tras tres nominaciones de la Academia, fue “La reina de África” en 1951, con Katharine Hepburn.

Bogart, que hizo unas 75 películas, estuvo rodeado de mujeres bellas e icónicas tanto en su vida profesional, que incluyó además a Ava Gardner en “La condesa descalza”, y Audrey Hepburn en “Sabrina”, como en lo personal, ya que estuvo casado con su gran amor, la actriz Lauren Bacall, su cuarta esposa, a quien conoció durante la filmación de “Tener o no tener” (1944), la primera experiencia de del director Howard Hawks con el neoyorquino.

Otra gran pasión de Bogart fue el ajedrez.

Bogart, cuyo físico e imagen, aunque siempre elegante, y su voz no se correspondían a la del prototipo de un galán, creó un estilo que muchos quisieron imitar. Llegó a un escenario a instancias de William Brady, hijo del productor de teatro del mismo nombre que conoció en la Academia Phillips de Massachussetts que le motivó a ser actor de teatro, cuando en sus planes estaba estudiar medicina.

Tras culminar la preparatoria ingresó a la Marina de EE.UU durante la I Guerra Mundial y el barco al que fue asignado fue atacado por submarinos y un torpedeo lo alcanzó, aunque no lo hundió.

Una astilla de madera saltó y le rasgó la boca y fue lo que afectó su forma de hablar. Al culminar su servicio con la Marina obtuvo diversos empleos y sus primeros años en la actuación fueron papeles secundarios. Fue en el teatro con “El bosque petrificado” donde realizó a su primer gángster, Duke Mantee, pieza que luego llevó al cine con éxito.

Con “El último refugio” de Raoul Walsh cayó en sus manos su gran actuación de “Roy Earle”, un bandido que quería retirarse después del último golpe y que se enamora de la hija de una familia de granjeros, con libreto de John Huston.

Bogart estableció una amistad con Huston, quien luego le ofreció el papel del detective privado Sam Spade en “El halcón maltés”, basada en una novela del mismo nombre, que marcó el debut del guionista como director, y que fue nominada al Óscar en varias categorías.

Fue la primera película considerada como cine negro, que describe los filmes que giran e torno a hechos delictivos y criminales, con el que se vincula el trabajo de Bogart.

Huston dirigió también a Bogart en “La reina de África” (1954) que le valió el único Óscar al legendario actor, y que se desarrolla durante la I Guerra Mundial. El dúo repitió nuevamente en “Cayo Largo” -que también marcó la cuarta vez que Bogart trabajó junto a Bacall- y “El tesoro de Sierra Madre”.

Pero, la película que catapultó a este gigante de la actuación que dijo adiós muy pronto a los escenarios hace 60 años fue la premiada “Casablanca”, que se alzó con el Óscar a la Mejor película, entre otros premios de la Academia, dirigida por Michael Curtiz, en la que dio vida a Rick Blaine, enmarcada durante la II Guerra Mundial.

Los cinéfilos no olvidan su lucha entre su amor por Ilsa Lund o hacer lo correcto ayudándola o no a escapar de Casablanca junto a su esposo, uno de los líderes de la resistencia, para que este pueda continuar su lucha contra los nazis.

Entre sus inolvidables actuaciones en sus tres décadas en el cine figuran “El sueño eterno” (1946), nuevamente con Hawks y Bacall, “El tesoro de Sierra Madre” y “El motín del Caine” (1951), nominadas también por la Academia.

Más allá de los escenarios, Bogart también se preocupó por lo que ocurría en EEUU y así levantó su voz de protesta contra lo que se conoció como “el mccarthismo”, un periodo entre 1950 y 1956 en que hubo acusaciones si fundamento, interrogatorios o listas negras contra personas que fueran sospechosas de ser comunistas, promovido por el entonces senador de Wisconsin Joseph McCarthy.

Bogart fue uno de los que participó junto a Bacall en una marcha que hubo en 1947 frente al Capitolio para protestar por lo que los opositores calificaron como “caza de brujas” y a lo que Hollywood no escapó.

El actor murió en California en 1957, un año después de filmar su última película “Más dura será la caída”, cuando ya estaba enfermo de cáncer. EFE (I)

rh/cav