Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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China, entre el conflicto étnico y el miedo a la Yihad

Pekín, 5 jul (EFE).- Cinco años después de las graves revueltas que enfrentaron a la etnia minoritaria musulmana uigur y la mayoritaria han en la región de Xinjiang, en las que murieron 200 personas y unas dos mil resultaron heridas, los conflictos étnicos en el gigante asiático siguen en plena ebullición.

Hoy se cumple el quinto aniversario de los graves disturbios ocurridos en la capital de la región, Urumqi, que se iniciaron con manifestaciones por la muerte en un linchamiento de dos uigures en una fábrica del sur del país, y desde entonces, la violencia no sólo no ha cesado, sino que se ha extendido a otras provincias de China.

Desde 2009, cientos de personas han fallecido en ataques o enfrentamientos entre uigures y autoridades en Xinjiang, uno de los puntos calientes del oeste de China donde muchos uigures reclaman la independencia de la región.

En 2013, este conflicto étnico llegó a Pekín. En octubre, un coche invadía la acera de la principal avenida de la capital, Chang An, atropellando a personas a su paso y estrellándose a las puertas de la Ciudad Prohibida.

Cinco personas murieron en este atentado a más de 3.000 kilómetros de Xinjiang, donde al mismo tiempo también se intensificaban los asaltos.

Meses después, la violencia se repetía en otra región lejana, Yunnan, con el asesinato de 33 personas por un grupo de agresores con cuchillos en una estación de tren.

En todos estos casos, así como en los enfrentamientos entre autoridades y civiles en Xinjiang, el Gobierno chino atribuyó la violencia a grupos terroristas uigures con base en la región occidental y con conexiones en el exterior dada la cercanía de esta zona con países como Afganistán o Pakistán.

Según Pekín, el yihadismo ya ha penetrado en el país asiático a través del Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (ETIM) -reconocido por gobiernos como EEUU en 2003, aunque poco después excluido de su lista- en contacto con “células en el extranjero”.

Por su parte, los uigures, aquellos en el exilio con capacidad para hablar sin miedo a represalias, denuncian que el régimen lleva décadas oprimiendo su cultura y abocando con sus políticas a la violencia.

“Condenamos cualquier tipo de violencia, pero hay gente que lleva sufriendo muchos años la represión de las autoridades chinas, está desesperada porque no les dejan vivir con normalidad”, explica a Efe desde Alemania el presidente ejecutivo del Congreso Uigur, Dolken Isa.

Isa destaca el caso del intelectual uigur, Ilham Tothi, célebre profesor de la Universidad de Pekín y una de las únicas voces que se atrevía a hablar públicamente del conflicto desde dentro, detenido este año acusado de “separatismo”.

El presidente denuncia que, además de los arrestos arbitrarios, la represión está “a todos los niveles”, desde en el grave desempleo que afecta a los uigures en la región (muchos empleos sólo son accesibles para los han) hasta prohibiciones como las instauradas ahora, en época de Ramadán.

“Están chequeando quién está comiendo y quién no para apuntar quién es musulmán”, asegura Isa.

Para los uigures, Pekín ha endurecido su postura en la región con la excusa del terrorismo, según defendía en una entrevista reciente una de las voces más destacadas en el exilio de esta etnia, Rebiya Kadeer.

Kadeer asegura que, además de la represión policial y judicial de estos meses con “numerosas condenas a uigures”, las autoridades han inaugurado nuevas medidas.

Según el Congreso Uigur, el régimen está incitando los matrimonios mixtos, entre han y uigur, beneficiando a aquellos que los contraen con préstamos para la vivienda, u ofreciendo subsidios a los han que quieran instalarse en Xinjiang o bien a uigures que se marchen.

“Su objetivo es acabar con nosotros. La situación ha empeorado desde 2009”, denuncia Isa a Efe, y pide a Pekín que cambie de política.

Sus declaraciones llegan al mismo tiempo que un artículo de la agencia Xinhua, altavoz del Gobierno, en el que se asegura que “la mayor amenaza para la cultura uigur es el terrorismo”.

“La acusación de que la campaña contra el terrorismo en Xinjiang ayuda a eliminar la cultura uigur es una falacia. Son los terroristas y extremistas quienes la están poniendo en peligro de extinción”, sentencia el texto, que ejemplifica con el uso del burka de las mujeres cómo el extremismo religioso está penetrando en la región.

Circunstancias, no obstante, que son difíciles de ratificar por la prensa extranjera, a quien se obstaculiza la entrada y la libre circulación por Xinjiang, así como cualquier diálogo que arroje luz sobre este polvorín étnico. EFE


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