Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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¿Capriles presidente?

Por Ibsen Martínez
Caracas, Venezuela

Es difícil exagerar la importancia que para la oposición democrática venezolana significa llegar al final de una campaña electoral con muy reales posibilidades de ganar las presidenciales del domingo que viene. La impresionante manifestación de apoyo al candidato opositor que el domingo estremeció a una soleada Caracas subraya el logro mayor de la coalición opositora: haber sabido aislar el extremismo abstencionista que, hace ya siete años, entregó a Chávez el control absoluto de la Asamblea Nacional, allanando así el camino hacia la autocracia que acogota al país caribeño.

Por Ibsen Martínez
Caracas, Venezuela


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Es difícil exagerar la importancia que para la oposición democrática venezolana significa llegar al final de una campaña electoral con muy reales posibilidades de ganar las presidenciales del domingo que viene. La impresionante manifestación de apoyo al candidato opositor que el domingo estremeció a una soleada Caracas subraya el logro mayor de la coalición opositora: haber sabido aislar el extremismo abstencionista que, hace ya siete años, entregó a Chávez el control absoluto de la Asamblea Nacional, allanando así el camino hacia la autocracia que acogota al país caribeño.

Para quien observe de lejos el proceso político venezolano puede resultar desconcertante constatar que el candidato que Chávez insiste en describir como “de la derecha” sea apoyado por todos los partidos venezolanos afiliados a la Internacional Socialista. Lo cierto es que Capriles Radonski no sólo se define a sí mismo como “de centro-izquierda”, sino que su hoja de servicio parece confirmarlo. Los programas sociales que Capriles ha echado a andar en el populoso Estado de Miranda del que es gobernador desde 2008, replican, y en muchos casos refinan, haciéndolas más exitosas e incluyentes, las muy publicitadas “misiones” (programas sociales) del Gobierno chavista.

Hace pocos meses señalábamos en este mismo diario que la candidatura Capriles recoge, para desconcierto del chavismo, la mayoritaria propensión venezolana al centro-izquierda, algo que la discordia y la polarización política, azuzadas por Chávez, parecieron haber sofocado para siempre. Ello se refleja hoy en las encuestas más fiables: a sólo siete días de la elección, Capriles figura ya en “empate técnico” con Chávez. Algunas de ellas ya otorgan al Flaco una ventaja algo más que discreta sobre Chávez.

Sin duda, Capriles Radonski ha resultado un extraordinario candidato que, sorpresivamente, ha logrado romperle el servicio a Chávez, logrando lo que durante casi tres lustros pareció imposible: poner al teniente coronel a la defensiva.

Ciertamente, su juventud, unida a una fulgurante carrera política en la que ha sido exitoso como congresista, alcalde y gobernador estatal, hacen de Capriles un contendiente de cuidado. Pero sería injusto otorgarle todo el crédito de una exitosa campaña a las cualidades personales del joven gobernador estatal. Conviene recordar que Capriles logró hacerse con la candidatura unitaria de oposición luego de ganar en febrero pasado unas elecciones primarias, abiertas a todo el electorado. Lograr poner de acuerdo para ello a varias decenas de partidos y organizaciones de electores que ocupan todo el espectro político, ha sido la obra maestra de una clase dirigente que, luego de ser literalmente borrada del mapa por el vendaval de votos que llevó Chávez a la presidencia hace catorce años, logró deslastrarse de sus elementos más desacreditados y emprendió hace ya varios años una larga y tortuosa marcha hacia la concertación y la candidatura única.

Ello hizo posible el varapalo que en, en las elecciones regionales de 2008, recibió Chávez al perder las gobernaciones más populosas e importantes del país. Fue gracias a la concertación política que, en 2010, y pese a la artera maquinación con que el chavismo modificó los distritos electorales, la oposición obtuvo el 52% de la votación.

Es desde esa plataforma, mayoritariamente democrática y plural, desde donde partió Capriles Radonski hace apenas noventa días en los que ha recorrido más de 230 pueblos venezolanos en una febril campaña basada en el contacto personal que ha logrado neutralizar el desaforado ventajismo del gran televangelista bolivariano hasta el punto de que, a siete días de los comicios, no es disparatado imaginarlo como el nuevo presidente de Venezuela.

* Ibsen Capriles es escritor venezolano. Su artículo ha sido publicado originalmente en el diario El País, en España.

4 Comentarios el ¿Capriles presidente?

  1. Espero de todo corazon que este fin de semana nuestros hermanos de Venezuela escriban la historia de como derrotaron un fraude electoral.

    FORZA VENEZUELA!!!

  2. Espero de todo corazon que este fin de semana nuestros hermanos de Venezuela escriban la historia de como derrotaron un fraude electoral.

    FORZA VENEZUELA!!!

  3. EL FIN DE LA DICTADURA CHAVISTA

    Una marea humana desbordó Caracas el domingo pasado durante el cierre de campaña de H. Capriles. Cientos de miles de venezolanos superaron la apatía y el temor y se volcaron a las calles para respaldar al candidato de oposición y expresar su repudio a Chávez y a su dictadura disfrazada de revolución ciudadana. Los famosos motorizados, comandos gobiernistas que viajan en moto y amedrentan a los opositores a tiros, huyeron despavoridos ante el poderío inapelable de esa enorme masa que acompañó a Capriles. La sociedad venezolana se ha rebelado contra sus carceleros y ha comprendido que la organización y unidad son el único camino para recuperar la libertad.

    Los populismos autoritarios del siglo XXI, mesiánicos en lo político, rentistas y parasitarios en lo económico, están condenados a sucumbir. El esquema de un estado elefantiásico y omnipresente al servicio de un caudillo termina invariablemente en un desastre económico y social que engulle a sus artífices. En Venezuela, la implacable lógica de este modelo ha provocado, entre otras cosas, la inflación más alta de América, el cierre de más de siete mil empresas y la liquidación del aparato productivo nacional, la incontrolable dependencia de productos importados, la inoperancia de los servicios estatales, particularmente en salud y educación, la corrupción rampante muy propia de un sistema sin controles ni balances y la muerte violenta de más de 20 000 personas por año. Un sistema que lleva, sin duda, el germen de su propia destrucción.

    Enfrentar a Chávez no ha sido fácil. Tras varios años de errores y división, los movimientos opositores finalmente comprendieron que la unidad electoral representaba el único camino para desterrar la dictadura. Luego vino la estrategia electoral. A pesar de contar con un amplio respaldo de la clase media intoxicada por el legado Chavista, una victoria exige penetrar en las masas clientelares controladas por el Gobierno a través de subsidios y bonos. Con mucha sagacidad, Capriles se ubicó en el centro y evitó la polarización derecha-izquierda que los socialistas del siglo XXI utilizan como estratagema. Adicionalmente, prometió conservar lo bueno del Chavismo, reconstruir lo malo y avanzar hacia el futuro. Una estrategia política que se conoce como triangulación: adoptar ciertas propuestas muy populares del contendor y mejorarlas.

    A pesar del férreo control estatal, el sometimiento de las FF.AA y las turbas armadas que apoyan al Régimen, todo indica que los demócratas venezolanos están decididos esta vez a sepultar la tiranía de Chávez. Cuanto dolor se habría ahorrado Venezuela si sus ciudadanos hubieran descifrado a tiempo la clara impostura de este modelo caudillista y camarillesco presentado como Socialismo del siglo XXI. Su error y penuria deben servir de lección a otras naciones del continente y del mundo.

  4. EL FIN DE LA DICTADURA CHAVISTA

    Una marea humana desbordó Caracas el domingo pasado durante el cierre de campaña de H. Capriles. Cientos de miles de venezolanos superaron la apatía y el temor y se volcaron a las calles para respaldar al candidato de oposición y expresar su repudio a Chávez y a su dictadura disfrazada de revolución ciudadana. Los famosos motorizados, comandos gobiernistas que viajan en moto y amedrentan a los opositores a tiros, huyeron despavoridos ante el poderío inapelable de esa enorme masa que acompañó a Capriles. La sociedad venezolana se ha rebelado contra sus carceleros y ha comprendido que la organización y unidad son el único camino para recuperar la libertad.

    Los populismos autoritarios del siglo XXI, mesiánicos en lo político, rentistas y parasitarios en lo económico, están condenados a sucumbir. El esquema de un estado elefantiásico y omnipresente al servicio de un caudillo termina invariablemente en un desastre económico y social que engulle a sus artífices. En Venezuela, la implacable lógica de este modelo ha provocado, entre otras cosas, la inflación más alta de América, el cierre de más de siete mil empresas y la liquidación del aparato productivo nacional, la incontrolable dependencia de productos importados, la inoperancia de los servicios estatales, particularmente en salud y educación, la corrupción rampante muy propia de un sistema sin controles ni balances y la muerte violenta de más de 20 000 personas por año. Un sistema que lleva, sin duda, el germen de su propia destrucción.

    Enfrentar a Chávez no ha sido fácil. Tras varios años de errores y división, los movimientos opositores finalmente comprendieron que la unidad electoral representaba el único camino para desterrar la dictadura. Luego vino la estrategia electoral. A pesar de contar con un amplio respaldo de la clase media intoxicada por el legado Chavista, una victoria exige penetrar en las masas clientelares controladas por el Gobierno a través de subsidios y bonos. Con mucha sagacidad, Capriles se ubicó en el centro y evitó la polarización derecha-izquierda que los socialistas del siglo XXI utilizan como estratagema. Adicionalmente, prometió conservar lo bueno del Chavismo, reconstruir lo malo y avanzar hacia el futuro. Una estrategia política que se conoce como triangulación: adoptar ciertas propuestas muy populares del contendor y mejorarlas.

    A pesar del férreo control estatal, el sometimiento de las FF.AA y las turbas armadas que apoyan al Régimen, todo indica que los demócratas venezolanos están decididos esta vez a sepultar la tiranía de Chávez. Cuanto dolor se habría ahorrado Venezuela si sus ciudadanos hubieran descifrado a tiempo la clara impostura de este modelo caudillista y camarillesco presentado como Socialismo del siglo XXI. Su error y penuria deben servir de lección a otras naciones del continente y del mundo.

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