Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Julio Terán, filósofo

Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador

Julio Terán llevó adelante la tarea de ser filósofo en un momento en que diversos grupos intelectuales de jóvenes quiteños mostraban una extraordinaria sensibilidad frente a las problemáticas del pensamiento filosófico, pero que carecían de una básica estructuración filosófica como la que existía desde hacía décadas en Bogotá, Caracas o en Lima por no hablar de Santiago y Buenos Aires.

Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador


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En el año de 1981, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador publicó Conocimiento y tradición metafísica, obra de uno de los profesores más importantes y connotados de la antigua facultad de filosofía de los jesuitas, “San Gregorio”. Llegado de Alemania en la década anterior después de obtener en la universidad de Munich un doctorado “Summa cum laude” en uno de los temas clásicos, pero también difíciles de las relación entre filosofía y cristianismo, la analogía; en plena eclosión de las filosofías de la liberación en América Latina con su urgencia del compromiso de los intelectuales y de la subordinación de la teoría a la praxis como se decía un poco ingenuamente en esa época, pero también con la percepción del zeistgeist, -el espíritu del tiempo,- en el mundo europeo donde nuevos problemáticas y figuras conducían a la filosofía a insólitos parajes, Terán hizo notables aportaciones que están vigentes para la consolidación del pensamiento filosófico en el Ecuador.

Terán llevó adelante la tarea de ser filósofo en un momento en que diversos grupos intelectuales de jóvenes quiteños mostraban una extraordinaria sensibilidad frente a las problemáticas del pensamiento filosófico, pero que carecían de una básica estructuración filosófica como la que existía desde hacía décadas en Bogotá, Caracas o en Lima por no hablar de Santiago y Buenos Aires.

El filósofo no es un erudito al estilo de los mecenas cultos del siglo XIX, tampoco un lobo estepario que proclame la soledad porque ya tiene bastante con la propia.

El filósofo es el que publica libros, asiste a congresos y debate, forma parte de sociedades filosóficas internacionales, escribe en revistas especializadas como “Kant Studien” o la Revista venezolana de filosofía”, y tiene además una enérgica intuición de su tiempo que trata de conceptualizar. Se debate entre la crítica y la comunidad.

Conocimiento y tradición metafísica es un libro ejemplar. Extrañó a algunos que el libro partiese de un estudio sobre Bergson, el pensador francés, opacado entonces por Sartre.

Lo que parecía una mera preocupación académica se ha revelado en el tiempo fecundo: sin Bergson es imposible entender hoy las polémicas sobre el “animal humano” o la “máquina antropológica” de G. Deleuze y de G. Agamben. Con Deleuze, el status de la filosofía pierde su presunta solidez. El estudio sobre Kant es revelador: la Crítica de la razón pura que se debate ahora tiene en el ensayo de Terán las claves indispensables para su lectura.

La Pontificia Universidad Católica del Ecuador de tanto significado y presencia académica debiera volver a editar, sin las limitaciones del pasado, una nueva edición de Conocimiento y tradición metafísica, enriqueciéndolo con otros textos del Dr. Terán, por ejemplo, su brillante intervención en las jornadas filosóficas de la Universidad del Salvador. La recuperación de la memoria forma parte del recurso estratégico de abrir nuevas alternativas a un tiempo cerrado por el imperio de la burocratización y del control.

* El texto de Joaquín Hernández ha sido publicado originalmente en el diario HOY.