Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Cómo les va a los padres

Andrés Cárdenas Matute
Quito, Ecuador

Todo lo que intente parecerse a Drive es obligatorio ver. Si allá Ryan Gosling era un solitario que trabajaba en una mecánica de autos, acá también. Si allá Ryan Gosling se ganaba la vida como chofer en huidas delictivas o persecuciones para películas, acá roba los bancos él mismo y en moto. Si allá Ryan Gosling encontraba su redención en ayudar a Carrey Mulligan y su familia a huir de las mafias, acá lo hace en sacar adelante a su propio hijo –junto a Eva Mendes– que está de pocos meses y se acaba de enterar que existe. En ambas aparece el mismo tipo de pelo rubio que, acorazado bajo un mutismo exterior, aparentemente insensible, trata de no echar a perder el pedazo de humanidad que tiene al alcance de su mano. Trata de ser el primero en hacerle probar helado al hijo para que nunca olvide su origen.

Andrés Cárdenas Matute
Quito, Ecuador


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Todo lo que intente parecerse a Drive es obligatorio ver. Si allá Ryan Gosling era un solitario que trabajaba en una mecánica de autos, acá también. Si allá Ryan Gosling se ganaba la vida como chofer en huidas delictivas o persecuciones para películas, acá roba los bancos él mismo y en moto. Si allá Ryan Gosling encontraba su redención en ayudar a Carrey Mulligan y su familia a huir de las mafias, acá lo hace en sacar adelante a su propio hijo –junto a Eva Mendes– que está de pocos meses y se acaba de enterar que existe. En ambas aparece el mismo tipo de pelo rubio que, acorazado bajo un mutismo exterior, aparentemente insensible, trata de no echar a perder el pedazo de humanidad que tiene al alcance de su mano. Trata de ser el primero en hacerle probar helado al hijo para que nunca olvide su origen.

Sin embargo ese es solo el primer tercio de The place beyond the pines. Derek Cianfrance, director y coguionista, intenta ir más allá. Su película es un exacto metraje 50-40-50 en donde cuenta la historia de dos padres –un ladrón y un policía– para, quince años después, echar una mirada a la confusa vida de sus hijos como quien toma nota de su tarea cara al juicio final. Inteligentemente ubica la historia en una pequeña ciudad estadounidense para hacer verosímil un cruce de caminos (título del filme en castellano).

El segundo personaje es un policía novato (Bradley Cooper) que, a pesar de su anhelo de justicia y de sus buenas intenciones, no tarda en caer dentro del clásico torbellino de corrupción. La razón es la de siempre: ceder cuando la transgresión parece ser inofensiva. Y vemos cómo la historia de cada persona se va articulando de acuerdo a sus pequeñas decisiones equivocadas: una salida nocturna de policías cuando era mejor quedarse en casa, una relación momentánea a la que nunca se regresa, la mentira sobre quién fue el primero en disparar o el silencio ante las preguntas recurrentes de un adolescente.

Aunque se echa en menos una mayor participación de las mujeres en la historia, en el último tercio se rinde cuentas. Las decisiones de los hijos tal vez son las que medirán a sus padres.