Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

A buen puerto vamos por agua

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

En una fotografía publicada en la prensa española, se ve lo que con lugar a dudas parece ser una peluquería: las paredes sin pintar, la iluminación proviene de dos tubos fluorescentes; en la silla hay sentado un hombre al que el peluquero, de pantalón corto, ojotas y sudadera, le corta el pelo. El hueco de la puerta lo cubre una cortina. No hay espejo, más que uno pequeño roto, apoyado en la pared, sobre una destartalada mesita. No hay espejo en la peluquería, pero eso sí, dominando la escena, hay un enorme cartel que reproduce una poesía, “Revolución”, y al lado, sonriente, de perfil, el “comandante” Fidel Castro.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


Publicidad

En una fotografía publicada en la prensa española, se ve lo que con lugar a dudas parece ser una peluquería: las paredes sin pintar, la iluminación proviene de dos tubos fluorescentes; en la silla hay sentado un hombre al que el peluquero, de pantalón corto, ojotas y sudadera, le corta el pelo. El hueco de la puerta lo cubre una cortina. No hay espejo, más que uno pequeño roto, apoyado en la pared, sobre una destartalada mesita. No hay espejo en la peluquería, pero eso sí, dominando la escena, hay un enorme cartel que reproduce una poesía, “Revolución”, y al lado, sonriente, de perfil, el “comandante” Fidel Castro.

Este peluquero es uno de los 444.109 cubanos que han decidido trabajar por su cuenta gracias a las medidas de flexibilización que ha introducido Raúl Castro empujado por la urgencia de salvar la revolución socialista que ya no es posible seguir calafateando con más ideología, con más miedo a la “invasión imperialista”. Cuba tiene 11 millones de habitantes, y siempre que sea cierto que la tasa de desocupación sea nada más que del 3,5% uno se pregunta en qué trabaja el resto de la población: pues trabaja para el Estado. O, como dijo un obrero de la Unión Soviética a un periodista extranjero: “Si se quiere entender cuál es el problema de la Unión Soviética hay que considerar que nosotros hacemos como que trabajamos y el Estado hace como que nos paga”.

La Revolución cumplió 55 años el pasado día 1 y esta vez el protagonista de los festejos fue Raúl Castro, quien aprovechó la oportunidad para lucir a los jóvenes integrantes de su gabinete, dejándose fotografiar con el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel, un ingeniero de 55 años. Este suena como posible reemplazante del “comandante” Raúl Castro quien aseguró que no se presentará a una nueva reelección en 2018. Sesenta años en el poder, los hermanos Castro ya se pueden dar por satisfechos. ¿O seguirán vendiéndonos su historia de la “democracia participativa” de la revolución socialista?

En los discursos pronunciados en Santiago, al oriente de la isla y punto de partida del levantamiento armado, más de lo mismo. Es difícil, después de 55 años de repeticiones, renovar el libreto con el agravante de ser siempre los mismos autores. Me llamó la atención, por serme familiar, el pedido que hizo el “comandante” Raúl Castro a los jóvenes, de mantener la unidad del Partido Comunista “como único heredero legítimo del legado y la autoridad del comandante en jefe de la revolución cubana, el compañero Fidel Castro Ruiz”. Es decir, en torno al “único líder”. No quedan dudas: todas las dictaduras se parecen, ya sean de derechas o de izquierdas, con su culto a la personalidad, la necesidad de un pensamiento único, la certeza de que solo ellos son dueños de la verdad y la falta de escrúpulos de recurrir a todos los medios necesarios, con preferencia los más crueles y violentos, para castigar, o deshacerse, de quienes cuestionen tales preceptos. Un ejemplo cercano: el dictador comunista norcoreano Kim Jong-un, que festejó el año nuevo haciendo fusilar a su tío y preceptor.

En su discurso de Santiago, el “comandante” (entre comillas, pues ninguno de los hermanos realizó carrera militar alguna, lo que no impidió que se inventaran uniformes y grados) Raúl Castro se ufanó de sus logros entre los que están la posibilidad de trabajar por cuenta propia en aquellas actividades especificadas por el Gobierno, la libertad de comprar al Estado un coche nuevo o usado y poder viajar sin necesidad de la tarjeta de autorización que otorgaba el Gobierno. No explicó, desde luego, por qué en Cuba no hay acceso libre a Internet, por qué no hay elecciones generales y directas para elegir a las autoridades ni por qué no hay libertad de prensa. Prometió, eso sí, acabar con la existencia de dos monedas paralelas: el peso cubano y el peso convertible. Con el primero se pagan los productos y servicios básicos; con el segundo los productos importados. Dicen que un dólar vale 25 pesos convertibles, pero la diferencia de cotización entre ambos pesos es abismal, lo que hace que en realidad un trabajador cubano gane, como promedio, ¡20 dólares! (93.400 guaraníes al cambio de hoy) al mes.

Esta es la imagen que hemos recibido de la Revolución en su 55º aniversario, la que quieren exportar los “comandantes” Castro a través de su “comandante” Nicolás Maduro. A buen puerto vamos por agua.