Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Gran Jurado

Betty Escobar
Nueva York, Estados Unidos

Hace casi dos meses recibí una carta de una de las cortes de la ciudad de Nueva York. Me citaban para servir como jurado. En Estados Unidos este es un deber cívico para todo ciudadano.

Bettty Escobar

Betty Escobar
Nueva York, Estados Unidos


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Hace casi dos meses recibí una carta de una de las cortes de la ciudad de Nueva York. Me citaban para servir como jurado. En Estados Unidos este es un deber cívico para todo ciudadano.

El día llegó. El proceso tomó horas, hasta que finalmente anunciaron las personas que conformaríamos un gran jurado. No, esta clase de jurado no es el que la gran mayoría conoce, el grupo de doce personas que deciden en un juicio si alguien es inocente o culpable. Ese es un jurado de juicio. Un gran jurado está conformado por 23 personas que por varios días ven diferentes casos presentados por fiscales; escuchan testimonios y, luego de analizar las evidencias, deciden si hay suficiente prueba legal y causa razonable para creer que una persona ha cometido una ofensa. De ser así, se vota para que esos casos pasen a juicio; de lo contrario, los casos son desechados.

Desde que empezamos nuestro servicio supimos que teníamos un gran compromiso, no solo con el país sino con nosotros mismos, porque acusar a una persona de un crimen es algo serio, y nosotros seríamos quienes decidiríamos hacer o no una acusación formal contra un ciudadano. Como parte de la comunidad crearíamos un balance al ser una extensión de la corte y no un agente de la Policía o el fiscal.

Mientras revisábamos los casos teníamos el derecho de hacer preguntas a los testigos y solicitar al fiscal que los hiciera volver a la sala, más de una vez si era necesario. Debíamos obtener la información exacta de los hechos. Y entre los testigos, por supuesto, estaban policías y detectives que jamás tuvieron reparo en regresar. Ni uno solo nos dijo “no tengo por qué responder” o “no atiendo a ciudadanos corruptos”.

Por dos semanas pudimos ver de primera mano cómo funciona la justicia, pero sobre todo formar parte de ella. Con esto no digo que el sistema judicial de Estados Unidos sea perfecto, pero garantiza su transparencia al hacernos contribuir con la administración de la justicia.

¿Por qué comparto esta experiencia con ustedes? Porque sencillamente me duele mucho saber que donde vivo tengo la oportunidad de constatar la independencia del sistema judicial, pero al mismo tiempo observo lo que sucede en mi otro hogar, Ecuador. No puedo creer lo que pasa. ¿Un sistema judicial que está en manos de uno solo? A través de la historia hemos aprendido que la justicia es demasiado importante y delicada para que así sea. No es correcto, no es democrático, no es legal.

Aunque el sistema jurídico ecuatoriano no contemple la figura de un jurado, no quiere decir que no existan otras formas para que los ciudadanos comprueben su transparencia. Cuando vemos que se favorece solo a algunos en la justicia se crean dudas de que esa justicia sea real. Esta debe hacer cumplir la ley a todos por igual. Es necesario proteger a los ciudadanos de cargos infundados, asegurando la participación de jueces y fiscales que no sean manipulables o demasiado sensibles a la voz de una autoridad superior.

Recordemos las palabras del filósofo griego Sócrates: “Cuatro características corresponden al juez: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”.