Ecuador. Jueves 19 de enero de 2017
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Un mecanismo de flexibilización cambiaria dentro de la dolarización

Alberto Dahik
Guayaquil, Ecuador

La caída del precio del petróleo no es un problema de corto plazo, sino muy probablemente uno de mediano plazo.

La razón es que la técnica de extracción por fracking ha puesto a los petróleos de esquisto de EE.UU. y Canadá como un arbitro para fijar un techo del precio del crudo. Adicionalmente, por razones geopolíticas las monarquías de la península arábiga, que son las que realmente tienen la capacidad de aumentar y reducir producción, coinciden con Occidente en cuanto al significado de un precio bajo para enemigos comunes como Rusia, Irán e Isis. Esas monarquías buscan ahora tener más participación de mercado y han bajado sus precios para lograr este objetivo ante la nueva realidad impuesta por el fracking.

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Por lo tanto, no es correcto enfrentar una crisis muy posiblemente de mediano plazo con medidas que por su nombre son temporales, no estimulan al sector exportador y producen distorsiones en la economía.

La necesidad de buscar una opción creativa para darle flexibilidad cambiaría al sector externo real proviene de estos hechos:

La dolarización no permite ajustar el tipo de cambio.

El dólar se ha apreciado frente a las demás divisas importantes del mundo.

Países vecinos y que compiten con el Ecuador han depreciado sus monedas.

El propio Gobierno ha dicho que tiene un muy serio problema por estos hechos.

Las salvaguardas temporales a quién más castigan es al sector que más hay que apoyar en los momentos actuales: el sector exportador. Esto porque ante la subida general de costos que producen las salvaguardas al restringir la oferta agregada, dejan más desprotegido al único sector que, dado que su precio está fijado en el mercado internacional, no tiene ninguna capacidad de ajuste.

Estas salvaguardas, que aplican sobretasas diferenciadas a productos terminados e insumos para la producción y que están acompañadas por cupos de importación, resultan en protecciones efectivas muy nocivas, en perjuicio de los consumidores, a quienes finalmente un sistema económico tiene que proteger.

Así por ejemplo, si los componentes para ensamblar un teléfono valen 90 y el teléfono vale 100 en el mercado mundial, quien realiza el proceso de ensamblaje tiene un margen de 10. Si al teléfono se le imponen impuestos, aranceles y salvaguardas que, por ejemplo, den un recargo total del 50%,
entonces el precio del teléfono importado sería 150. Si para cambiar la matriz productiva o apoyar al productor nacional los componentes tienen un recargo de 25%, entonces el costo de ensamblar localmente el teléfono sería de 112,5.

En este ejemplo el productor local tiene 3,875 veces el margen del productor mundial eficiente. Es decir, el productor local, por cada dólar de margen del ensamblador mundial, tiene 3,875 dólares de margen.

Entonces, las salvaguardas están produciendo una reasignación de riqueza desde distintos sectores de la economía, especialmente el exportador, hacia aquellos sectores que tienen las protecciones efectivas.

Para empezar un reordenamiento de la economía ecuatoriana, la propuesta es eliminar todas las salvaguardas, cupos, cuotas y restricciones al comercio exterior y dejar en libertad a productores, comerciantes y consumidores para importar lo que sea necesario o útil para ellos.

El Banco Central, en unión con el sector privado y el sistema financiero, fijaría un monto de importaciones, para lo cual se requeriría adquirir, en libre subasta a través del sistema financiero, sin restricción y con total transparencia, el Timbre Cambiario (TIC), cuyo precio lo establecería el mercado.

No es una herramienta fiscal ni debe ser utilizada en esa forma. La tenencia de dólares en la banca privada no cambia para nada, empero, los importadores en vez de pagar las salvaguardas pagan el valor del TIC que está determinado por las realidades del mercado. El producto de ese TIC tiene que ir a una bolsa para ser distribuido entre los exportadores a prorrata.

Algo fundamental para esta propuesta es que se eliminen todas las restricciones al comercio, así como el 5% de impuesto a la salida de divisas, que es realmente un impuesto a la entrada, y que es incompatible con un sistema de dolarización.

Igualmente importante es que el Estado y sus empresas paguen el TIC, es decir, que el sector público tenga realismo y entienda el valor del dólar, para que no tienda a sobre importar, por una señal errada que sería la de tener un precio artificialmente bajo de las divisas frente al que estaría pagando el sector privado.

Obviamente, siendo el problema fiscal la causa fundamental del problema en la balanza de pagos, si no cambia el nivel del gasto público el TIC tendería a seguir subiendo por el impacto de ese gasto sobre los precios y sobre la demanda de bienes y servicios importados. De ahí que el TIC debe ser parte de un reajuste y reorganización total de la economía ecuatoriana.

* Alberto Dahik es economista, ex Ministro de Finanzas y ex Vicepresidente de la República. Su texto ha sido publicado originalmente en la Carta Económica de Cordes.

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