Ecuador. miércoles 18 de octubre de 2017
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Diego Velasco Andrade: entre el collage y la ficción muere el poeta

Cristian López Talavera

Cristian López Talavera
Quito, Ecuador


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“Entre la memoria y el olvido hay una tercera zona, la del limbo, un ámbito habitado por fantasmas que nadie reconoce (…)
Evodio Escalante

Diego Velasco Andrade, reconocido poeta ecuatoriano, desvirtúa la idea que el poeta no puede ser novelista. Por eso, entre su obra encontramos narrativa corta y larga. Su trabajo responde al ideal surrealista “expresar mediante palabras escritas el funcionamiento actual del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón exento de cualquier exigencia estética o moral” (manifiesto surrealista). Por eso me detendré en dos obras claves para entender a este autor: ¿El poeta ha muerto? y Tierna Ficción.

¿El poeta ha muerto? El surrealismo de un taller literario

La novela ¿El poeta ha muerto? Es un texto que el lector se sumerge en la intimidad del escritor; su vida y su proceso artístico. Transcurren los años 80 y en el escenario literario surgen los talleres literarios, dirigidos por Miguel Donoso Pareja. Muchos jóvenes, con sueños de escritor, ingresan a sus filas, entre ellos Diego Velasco Andrade. Esta novela, que es un collage de páginas, hace un acercamiento a esta época clave para entender a una generación literaria.

La novela ¿El poeta ha muerto? experimenta el hacer literario, (re)haciendo un juego estético donde los personajes utilizan el fragmento poético y cuestionan el “status quo” artístico del momento. Las callejuelas oscuras son los espacios de un confrontar entre artistas. Los personajes desnudan las incomprensiones del lenguaje y ésta se convierte en el vehículo que sintetiza la razón y el inconsciente. La conciencia hace aflorar toda la paradoja de miedos.

Estos personajes vuelan por aires liberados de la materialidad y buscan cuerpos; así el autor los denomina “personaje con textos”: Baku, el poeta, quien persevera por hacer su obra.

La novela de Diego Velasco aborda distintas facetas de la literatura: la poesía, el micro cuento, el teatro. Todos los géneros unidos en una novela para denunciar la autoridad de gobernantes que de alguna forma tratan de romper la imaginación en los jóvenes escritores. El ambiente de un país deformado por las incomprensiones, para estos jóvenes escritores ¿soñadores? sólo existe una salida y esta es la imaginación.

Ante la propuesta de socializar la poesía, se forman grupos literarios: como el escarabajo utópico, el matapiojos para poder llevar a la poesía donde debe encontrarse, en el pueblo.

La novela collage ¿El poeta ha muerto? de 149 hojas, publicada en abril del 2002, por K-oz Editorial, ha sido adaptada al teatro por el grupo ecuatoriano Ojo de Agua y puesta en escena en Ecuador, España y Bélgica.

Tierna ficción: leve máquina fabricadora de imágenes poéticas

Este compendio de cuentos cortos sorprende por la manera de ingresar por todos los caminos posibles al hacer literario casi como una carne debeladora de sensibilidades en el uso del lenguaje; se podría admitir que Diego Velasco no es un escritor sino un experimentador de las letras como placer artístico.

Sin duda alguna, Tierna Ficción es la máquina fabricadora de imágenes poéticas. Desde el primer cuento: leña circulante hasta el último imaginero descifrador de galaxias donde un día se marchó: Moisés en Gamínides.

En este libro se puede escudriñar a Jorge Luis Borges extraviarse en lo infinito del poema. Existe un universo de la nueva vanguardia, en sus palabras emerge una nueva sociedad, Diego Velasco comienza a destituir a los clásicos géneros literarios, devalúa esos cánones donde se van formando palabras muertas; géneros literarios que rasgan las piedras de la infelicidad y dan pie a la prematura muerte de la poesía.

Barthes explica que el cuerpo comienza a existir cuando se expone al vértigo y ésta viene cuando siente repugnancia y rechazo por lo que le disgusta, Diego Velasco nos propone una nueva forma de escritura, sin aspavientos metodológicos, sentirse libres cuando nos encontramos sobre el lomo del cuento y divisar espacios vacíos, carátulas sin cuaderno, pies sin zapatos.

La historia busca al escritor, pasea serenamente por ciudades desconocidas, donde el ojo del escritor devasta la memoria. Es la 24 de mayo, donde leña circulante encuentra su forma. Un árbol estacionado en el mendrugo de la miseria, un tarro oxidado y la soledad que penetra en el sendero del escritor que presencia su expiración en el día monótono. Diego Velasco se siente inducido en recoger historias encerradas en los laberintos que deja esta ciudad vacía y solitaria e ir a escribir encima de los tejados, característica de los barrios del Centro de Quito.

Claro, sin dejar a un lado el surrealismo, donde la imagen se sobrepone sobre la idea, en mar i sol las imágenes se reconstruyen, a medida que el lenguaje se vuelve versátil, libre y donde adquiera una voz por sí mismo, es ahí que el automatismo psicótico del imaginero da rienda suelta a las metáforas, retraigo pasajes del cuento: “Mar i sol… venía de una selva que alimentaba/con leche y miel/a los pájaros…/ un árbol donde pudiese acurrucar todos sus truenos”. Además, el cuerpo se vuelve una chistera de sorpresas donde el escritor retorna como un mago, Y un conejito de savia /se esfumó/de tu ombligo/de repente…

La obra que cada ser humano escribe tiene concatenación en las ideas. Por eso hago hincapié en el libro de poemas de Diego Velasco, El derrocamiento del lector, en el poema “Ojo avizor”: un coral es un celentéreo/ que vive con mucha luz/y flores bellas de canto melodioso/en el fondo del océano… Tierna Ficción vive entre la luz, donde un florero urdido de pentagramas canta solo, abriendo puertas e inaugurando un nuevo infierno.

El tímido Borges por el cual se genera la narrativa de Diego Velasco, se acerca temeroso de sus líneas a un taller literario, en donde, un grupo de escritores, le reciben con tijera en mano, de a poco desordenan la sensibilidad de JL (Jorge Luis Borges). A lo largo del cuento nos sorprendemos con el progreso literario y el acompañamiento de los buenos versos de JL.

La preservación del ser está latente en el cuento Judy, un niña que mira la sombra en su espejo, su futuro radiante deambula entre vericuetos en el cual se pasea el amor. Esta dualidad tan presente en los versos de Jorge Luis Borges (soy, pero soy también el otro, el muerto) aparece como la presencia mimética de la persona en los textos subsiguientes de Diego Velasco.

Así mismo, los cuentos que siguen convergen entre la sorpresa, el humor y la poesía. García Márquez suicidándose ante un cuadro de Goya, Kipling desplegando ante nuestros ojos el cuento más hermoso del mundo. Moisés en Gamínides inhumanizándose ante el paso de un planeta azul. Y concordando con la contraportada del libro: Tierna Ficción, tal como quisiera Cortázar, estos textos se dejan leer.

Este es el ficcionario mundo de Diego Velasco: el limbo donde ingresan todos aquellos personajes que, por alguna extraña razón, irrumpen en nuestros corazones, pero también están todos marcados por el olvido y se afanan en levantar el puño contra los grandes tótems y peces gordos de la hora literatón ecuatorianísima.

No me queda más que abrir las puertas a este infierno poético donde Diego Velasco da una prueba más de ser uno de los escritores que fluye con rapidez hacia la media noche donde un humus cósmico desgarra la hechura de la sabiduría.