Ecuador. Domingo 11 de diciembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

El abandono de la doctrina Roldós

Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

A pesar de su azarosa historia, donde su vida pública ha estado dominada tanto por caudillos, ladrones y mediocres, como por estadistas, líderes democráticos honestos y gente de gran talla intelectual, y a pesar de su drama territorial, el Ecuador ha tenido la energía y extraña fortuna de contar con juristas, diplomáticos y líderes que han formulado importantes tesis o doctrinas de derecho o política internacional que han contribuido a la construcción de la comunidad internacional.

La doctrina de Tobar Donoso sobre el no reconocimiento de los gobiernos de facto; la doctrina Parra Velasco sobre la solidaridad intrínseca de los estados hispanoamericanos; la tesis ecuatoriana sobre el derecho del mar liderada incansablemente por Luis Valencia; la posición ecuatoriana sobre la exportación del banano en el contexto de la naciente Organización Mundial del Comercio (OMC) que mantuvo con éxito Alfredo Pinoargote y que produjo importantes precedentes jurisprudenciales –todo lo cual fue increíblemente abandonado para buena suerte de una multinacional– son algunos de los hitos que hoy se encuentran reconocidos por la historia, la academia y la práctica internacional especializada.

Publicidad

Es en esa tradición de iniciativas internacionales que se inscribe la tesis que planteara el expresidente Jaime Roldós en los días de su ascensión al poder en 1979, cuando propuso una suerte de código de conducta entre las naciones de América Latina para la defensa de los derechos humanos; pero no de una defensa retórica o simplemente declarativa, sino activa y concreta. Por encima de la soberanía de los estados –que nadie pretende desconocer– y al margen de consideraciones políticas, en la región debe primar la vigencia efectiva de los derechos fundamentales. Para ello Roldós logró que varios jefes de Estado suscribieran en Riobamba –cuna de nuestra primera Constitución– una carta de conducta. Hecho inédito, pues la defensa de los derechos humanos ha seguido generalmente los cauces tradicionales de ratificación de tratados y creación de instituciones, que son importantes, sin duda. Pero que no son suficientes.

Sin un compromiso político de defender los derechos humanos dondequiera que ellos sean atropellados de poco o nada sirven los tratados, cortes y comisiones internacionales. La Carta de Conducta de Riobamba apuntaba precisamente a eso, a dar ese salto y pasar del compromiso jurídico a la acción política. Un escenario al que se han opuesto sistemáticamente las dictaduras de derecha como de izquierda, las de los años 70, así como las del llamado Socialismo del Siglo XXI.

Hoy se ha hecho evidente el grave error que significó haber abandonado la doctrina Roldós, tanto de nuestra agenda diplomática –más aún con ese cuento de que el Ecuador se fundó en 2007– como del ajedrez político regional. Así lo confirman la rampante violación de los derechos humanos en Venezuela, el cinismo de su gobierno y, sobre todo, el encubrimiento hipócrita de sus aliados internacionales.

Una vez que logremos salir de la presente dictadura, la doctrina Roldós deberá ser incorporada en la nueva Constitución como principio permanente de nuestra política exterior. (O)

Publicidad