Ecuador. jueves 23 de noviembre de 2017
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Ojo con la marea

Maríasol Pons
Guayaquil, Ecuador

El mundo vive un proceso de cambio, más en concreto las personas que conformamos este planeta.

;aríasol Pons

Todo se traduce al mundo de las personas y los cambios se experimentan a través del comportamiento. En lo concreto, las organizaciones están basadas en quienes las conforman, las casas en quienes las habitan, las familias en sus miembros y así sucesivamente.


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En un artículo de hace un par de años me refería yo al FOMO (fear of missing out) o el miedo a perderse algo. El FOMO hace que vayamos a fiestas que no queremos ir o a opinar de cosas que realmente no nos interesan. El FOMO nos lleva a sentir la urgencia de ser parte de “eso que estamos percibiendo que ocurre”. En esa percepción de grupos sociales en función de posiciones y percepciones es importante detenerse a ejercer un criterio propio sobre la materia que se observa.

En twitter, por ejemplo, se puede observar con mucha claridad como se crean “mareas” de posturas sobre temas particulares. Hoy que el país vive un cambio político a veces se puede ver casi con enfermedad posturas que no reflejan un verdadero análisis sino una adherencia en lo superficial de los 140 caracteres.

Así mismo sucede en temas internacionales, esos lugares comunes que tanto atraen palabras vacías son el lugar predilecto de las mareas de opinión que carecen de posturas reales. Muchos se suman a causas que suenan políticamente correctas, pero desde un espacio lejano y desconocedor. Así te puedes volver trending topic. No tengo nada en contra del programa para los “dreamers”, el DACA que hoy Trump elimina, pero me encantaría saber cuanta gente ha leído en su integridad el programa como para poder opinar con conocimiento. Yo lo desconozco, por ende, no puedo opinar. Aún cuando parece un programa atractivo para inmigrantes también puede tener un nivel de riesgo alto para el estado, pero insisto, como desconozco, prefiero no opinar.

Muchos criticamos al expresidente Correa por sus característicos juicios y hoy cualquier cosa que diga será, muy probablemente, criticado. No soy adepta a Correa, sin embargo creo que hasta Correa merece que se escuche lo que dice para luego aceptarlo o descartarlo. De no ser así nos estamos convirtiendo en lo mismo. Es evidente que si lo dice alguien que miente constantemente no gozará de la atención objetiva pues ya se habrá hecho la fama y como dice el viejo refrán: Más rápido cae el mentiroso que el ladrón.

Es fundamental que para el debate mantengamos la atención en lo que se dice y luego en quien lo dice. Hay ideas que no importan de donde vengan, igual pueden ser válidas. Es importante que no nos apuremos a aprobar o descartar, no es cuestión de tregua, es cuestión de no dejarnos llevar por el FOMO y por la velocidad de lo cotidiano, de darnos nuestro espacio para llegar a nuestras propias conclusiones luego de haber analizado la información pertinente quizá podemos decidir, inclusive, no tener opinión. Ojo con las mareas porque son cómodas y aniquilan la individualidad de la voluntad.