Ecuador. Domingo 26 de Marzo de 2017
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Francisco en México: La pobreza es el caldo del cultivo para el narcotráfico

El papa Francisco visita una prisión en Ciudad Juárez, México, el miércoles 17 de febrero de 2016. (Gabriel Bouys/Pool via AP)

El papa Francisco aseguró hoy que “la pobreza es el caldo de cultivo para el narcotráfico” por lo que instó a colaborar para encontrar soluciones, en un encuentro con empresarios y trabajadores en Ciudad Juárez, en la última jornada de su viaje a México.

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En el colegio de bachilleres del Estado de Chihuahua, Francisco abogó por el diálogo entre todas las organizaciones del trabajo, porque: “no podemos darnos el lujo de cortar toda instancia de encuentro, de debate, de confrontación, de búsqueda”.

“Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une una misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno (…) especialmente para los jóvenes de esta tierra”, dijo el pontífice argentino.

Y es que Francisco señaló que “uno de los flagelos más grandes” a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo, “lo que genera en muchos casos situaciones de pobreza”.

Esta pobreza, señalo, “es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia”.

Francisco criticó entonces la actual mentalidad de la “utilidad económica como principio de las relaciones personales” y que propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata”.

Para Francisco, la mejor inversión “es crear oportunidades”.

Citando su encíclica sobre la defensa del medioambiente, “Laudato si”, Francisco clamó contra esa mentalidad que pone a las personas “al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar”.

“Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más”, exclamó.

Explicó que estas posiciones de la Iglesia son no pocas veces criticadas por quienes piensan: “Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía”.

Y aseguró que la única pretensión que tienen “es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales”.

Francisco aseguró que siempre que la integridad de las personas sea violada, la doctrina social de la Iglesia saldrá en defensa.

“Y esto no es en contra de nadie, sino a favor de todos. Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco”, les señaló.

Francisco invitó a todos a preguntarse: ¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos?, ya que con esta pregunta todos podrían coincidir.

Y “¿Qué quiere dejar México a sus hijos?, les preguntó. “¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar?”, agregó.

Y continuó preguntando: ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar alternativas, generar renovación y cambio?”.

Francisco reconoció que no es fácil lo que planteó pero les advirtió que “también es peor dejar el futuro en manos de la corrupción, del salvajismo, de la falta de equidad”.

Aseguró que sabe que es algo difícil de aplicar en un mundo competitivo, pero que es peor “dejar que el mundo competitivo termine determinando el destino de los pueblos”.

“Queremos un México donde las madres puedan tener tiempo para jugar con sus hijos”, exclamó el papa, recibiendo un aplauso de los asistentes al encuentro.

Francisco terminó el encuentro invitándoles “a soñar” y “a construir el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera segunda o cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad del hijo de Dios”. EFE [I]