Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Para muchos, Playboy fue parte de un ritual de iniciación

LOS ANGELES (AP) — En seis décadas pueden cambiar muchas cosas. Playboy, considerada alguna vez demasiado osada, casi obscena, se ha transformado en un símbolo bastante inofensivo, por no decir aburrido, de una era en que el sexo era… sexy.


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Ahora que la internet ofrece todo tipo de contenido sexual explícito, Playboy decidió que sus fotos de mujeres desnudas, no importan qué tan buenas fueran, ya no pagan las cuentas. Hace más de un año prohibió los desnudos totales en su portal y ahora anunció que tampoco los publicará en su edición impresa.

Generaciones de hombres recuerdan la revista con afecto.

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Ken Williamson, de 65 años, de Palmdale, California, cuenta que se metió en un lío cuando llevó un ejemplar a la escuela alrededor de 1960.

“Pensé que la iba a poder ver sin que se diesen cuenta porque tenía un libro muy grande”, relató.

Su profesor se la quitó y recibió un castigo común en las escuelas estadounidenses: tuvo que quedarse “detenido” unas horas después de clase. Pero cuando Williamson pasó por su aula en la hora del almuerzo, “el maestro la estaba leyendo en su escritorio”, afirmó.

La revista ofrecía algo más que mujeres desnudas.

“La gente decía en broma que la compraba por los artículos, pero la verdad es que tenía entrevistas interesantes”, expresó Williamson.

Edwin Sierra, de 59 años, de Los Angeles, recuerda que escondía la revista en su habitación. “Pero no era nada sórdido”, asegura.

“Era una especia de homenaje al cuerpo de las mujeres”, manifestó. “Uno, de niño, veía eso por primera vez y era impactante”.

Andrew Derkrikorian, de 27 años, vio una revista de Playboy por última vez hace una década.

“Por entonces ya existía la internet y no había razón alguna para comprarla” porque los artículos estaban disponibles en la red, junto con la pornografía.

Entonces, ¿por qué la compró?

“Las muchachas”, admite. Las modelos parecían todas naturales, sin artilugios cosméticos, y fotografiadas en sitios hermosos.

“Tenían clase”, indicó. “Al margen de los desnudos, cada imagen tenía un propósito”.

Dita Von Teese, reina del cabaret que alguna vez salió en la tapa, también la leía.

“Le robaba la revista a mi padre, que la escondía debajo de la cama. Allí empezó mi obsesión con las ligas y las medias de seda”, contó en un correo electrónico. “Esas chicas de las revistas espléndidas, glamorosas, en ropa interior, son parte de lo que lanzó mi carrera primero como modelo y después en los cabarets y diseñando ropa interior”. [E]

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Chris Weber colaboró en este despacho desde Los Angeles.