Ecuador. Domingo 4 de diciembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

China reforma su “pasaporte interno” para sostener su modelo económico

Foto: globalasia.com

China está reformando el restrictivo “hukou”, un documento que divide a los chinos en urbanos y rurales, y ha generado importantes desigualdades, con el fin de paliar el actual descenso de migración del campo a la ciudad, esencial para el crecimiento económico de los últimos treinta años.

Publicidad

Este “pasaporte interno”, creado a finales de los años 50 por el entonces joven gobierno comunista, ha ido relajándose con el paso de los años, en especial para afrontar dos problemas: la menor migración interna y el auge inmobiliario urbano de casas vacías.

“El ‘hukou’ no restringe el movimiento o el empleo de los migrantes, pero todavía impide que éstos puedan disfrutar de los servicios y derechos urbanos al mismo nivel que los habitantes de las ciudades”, explica a Efe Wang Dong, asesor político del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en China.

Este modelo ha perpetuado la histórica desigualdad china entre el campo y la ciudad, donde la costa del país está industrializada y es el motor económico, mientras que el interior rural es pobre pero ha servido como fuente de trabajadores baratos para las ciudades.

Este proceso, que llevó a la explosión económica de los años 80 en adelante -el llamado “milagro chino”- ha sido la migración más grande de la historia, con 270 millones de personas en circulación, según datos del Banco Mundial: si estos migrantes formaran un país, sería el cuarto más poblado del mundo.

Estos trabajadores han conseguido salarios mucho más altos de los que podían obtener en el campo y muchos vieron este desplazamiento como sinónimo de libertad y oportunidades después de años de control social en la época más opresiva del régimen.

Pero esta migración ha tenido impactos negativos a nivel social: los chinos registrados como rurales tienen sus derechos restringidos en las ciudades y muchos de ellos, padres de familia, dejaron a sus hijos en su pueblo natal, lo que ha creado una generación de los llamados “niños dejados atrás”.

“Hay unos 60 millones de niños que han crecido sin al menos uno de sus padres, al que casi nunca han visto; unos 30 han crecido sin ambos padres a su alrededor y entre uno o dos millones -alguna gente dice que tres- han crecido sin adultos ocupándose de ellos”, explica a Efe Ines Kaempfer, directora ejecutiva de la ONG CCR CSR, especializada en derechos de los niños en Asia.

Pese a las desigualdades que ha generado el “hukou”, expertos en urbanización china como Jeremy Wallace, profesor de la Universidad de Cornell, creen que este sistema “evitó” que las grandes ciudades del país sufrieran procesos de “chabolismo” como los vividos en países latinoamericanos (Brasil con las favelas o Argentina con las villas miseria).

Pese a sus lastres o ventajas, el sistema actual está en proceso de reforma. “Desde hace dos décadas, el umbral de entrada de registro de vivienda urbano se ha bajado y la barrera en el sistema de reforma se ha eliminado en muchas ciudades pequeñas y medianas, especialmente en municipios pequeños”, explica Wang Dong.

Las facilidades de conseguir el “hukou” en ciudades pequeñas y medianas pretenden mantener el flujo migratorio que ha alimentado el modelo económico chino de los últimos 30 años, ya que -según datos oficiales de 2015- el crecimiento de migrantes fue del 2 %, una cifra muy baja comparada con años anteriores.

El Gobierno chino busca una transición en la economía del país, de la manufactura barata a los servicios y la tecnología, pero un corte en el flujo de trabajadores perjudicaría el proceso de cambio que plantea el Partido Comunista en el poder.

Otro de los factores para incentivar la migración es la cantidad de edificios sin habitar fruto del boom inmobiliario, especialmente en ciudades pequeñas y medianas, que ha creado gigantescos paisajes de zonas residenciales fantasmas.

Aún así, algunos expertos como Wallace creen que estos cambios no irán al corazón del asunto, que son las ciudades más grandes e importantes, como Pekín o Shanghái, donde seguirán las restricciones.

“El modelo de urbanización chino es anticoncentración”, explica, lo que lleva a un paisaje de grandes ciudades anónimas en crecimiento, donde será más fácil conseguir un “hukou” urbano, aunque las urbes más populares seguirán siendo una zona privilegiada fruto del control social que impone este “pasaporte interno”. EFE (I)


Publicidad