Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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La revelación del horror en ‘Esas putas asesinas’, una obra de Gabriela Ponce

'Esas putas asesinas', obra de Gabriela Ponce. Foto cortesía de los organizadores de la obra.

Crónica.- Sobre los árboles del jardín cuelgan rosados zapatitos de ballet. Sabanas blancas se balancean con el viento de la noche. Detrás está la casa infranqueable, en un abandono desolador. Esa es la escenografía en donde sucede ‘Esas putas asesinas’, la adaptación libre de Gabriela Ponce del cuento ‘Putas asesinas’ de escritor chileno Roberto Bolaño.


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Nos sientan a los asistentes (no más de 13 por función, pues no hay espacio) al rededor de una hoguera. Nos sirven un canelazo. Minutos después Gabriela Ponce se dirige al público. Nos pide apagar los celulares. Nos cuenta que hicieron un exhaustivo estudio arquitectónico de la casa para realizar el montaje. Casi todos los elementos de la escenografía fueron encontrados en ese lugar, lo demás son materiales reciclados. Por último, nos pide que la sigamos.

Cada uno de los detalles que conforman la escenografía son sobrecogedores. La luz tenue sobre los muebles viejos, las televisiones antiguas, la desolación de la cocina únicamente habitada por lechugas y cuchillos, la oscuridad del pasillo y los gritos, desatan un ambiente claustrofóbico. Dos actrices representan, con monólogos iracundos, a las putas asesinas de Roberto Bolaño.

La función sucede en la Casa Moujou, un centro cultural que ha iniciado su trabajo con esta obra de Gabriela Ponce. Los organizadores se proponen que el lugar sea un centro para hacer y presentar el arte en sus diferentes posibilidades creativas. Pronto harán una lectura colectiva de poesía.

El abandono de la Casa Moujou, que perteneció a los difundos abuelos de su administrador, es el indicado para que el argumento de un cuento de Bolaño cobre vida: un hombre es el objeto del deseo de dos asesinas, ¿acaso es una sola mujer con dos voces?

Entre el público, que sigue a las asesinas en su horrendo delirio por las habitaciones de la casa, se encuentra Alejandra Adoum, la hija del creador de ‘Entre Marx y una mujer desnuda’. Para observar los acontecimientos de la obra es preciso que nos acomodemos, unos pegados a otros, a lo largo del pasillo o en las puertas de las habitaciones. El presentimiento de la muerte y del horror acompaña toda la obra.

Sin duda, Gabriela Ponce ha permitido a la franciscana ciudad de Quito vivir otra posibilidad de hecho teatral, en donde un público permanentemente activo no es espectador sino testigo de un asesinato que sucede en los distintos espacios de una casa. Un público que se mueve, como sombras, al rededor de las dos asesinas en lo que dura la inclemente tortura a su víctima/objeto del deseo.

Pero, ¿qué está detrás del ‘Esas putas asesinas’? Quizá sean las bajas pasiones o, lo que es mejor, la liberación de los instintos humanos lo que Gabriela Ponce y Roberto Bolaño se propusieron explorar por medio de teatro y de la escritura. Es todo lo que puede pasar cuando el amor se vuelve esquizofrenia y obsesión, o simplemente cuando perdemos el control del amor y de la cordura. Lo que sucede cuando dos mujeres se juntan en una casa que se cae a pedazos. Una casa que es metáfora del mundo en que vivimos. Una casa que de algún modo, es nuestra.

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Miguel Molina Díaz