Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Scioli y Macri opacados por Fernández en primarias

Estas tres fotos de archivo tomadas en Buenos Aires, Argentina, muestran a tres candidatos a la presidencia de izquierda a derecha: abogado Sergio Massa, en una entrevista el 28 de octubre de 2013; alcalde de Buenos Aires Mauricio Macri, en una reunión el 3 de septiembre de 2013, y el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli cuando habla con periodistas el 10 de diciembre de 2014. Los tres participan en elecciones primarias internas fijadas para el domingo 9 de agosto de 2015. (AP Photo/Natacha Pisarenko, Files)

BUENOS AIRES, Argentina (AP) — Opacados por la presidenta saliente Cristina Fernández, cuya popularidad va en aumento al cierre de su mandato de ocho años, el oficialista Daniel Scioli y Mauricio Macri procurarán dar impulso a sus candidaturas a la presidencia el domingo en unas elecciones primarias consideradas un barómetro de lo que sucederá en los comicios presidenciales de octubre.

Fernández, quien por ley no puede volver a postularse después de haber gobernado durante dos términos, no estará en las boletas. Pero es quien ha marcado los tiempos en la campaña presidencial, apuntalada por su creciente popularidad a pesar de una economía en apuros y del escándalo derivado de la muerte de un fiscal que la había acusado de irregularidades. Se espera que sea un factor determinante en las elecciones del 25 de octubre, y tal vez después también.

Los candidatos de la oposición ya no critican tanto los gastos del gobierno en programas sociales para los pobres y los subsidios del transporte y la electricidad, y en cambio hablan de modificar esos programas o incluso ampliarlos.

Los candidatos ya están definidos, porque no tienen rivales en sus partidos o porque sus contrincantes son de poco peso. Pero las primarias, en las que el voto es obligatorio, son vistas como una importante muestra de la intención del voto y sirven de paso para eliminar a contendientes menores, generando una realineación de fuerzas que puede ser decisiva.

La votación se produce en momentos en que esta nación de 41 millones de habitantes enfrenta varios desafíos. Economistas independientes dicen que la inflación gira en torno a 30%, el peso se ha devaluado significativamente respecto del dólar en los últimos meses y una disputa con fondos estadounidenses ha hecho que los inversionistas extranjeros no traigan su dinero al país.

Los candidatos no han dado muchos detalles de sus programas para combatir estos problemas.

Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex vicepresidente, es el candidato del peronismo, el partido de Fernández, aunque no está alineado necesariamente con el kirchnerismo, como se denomina al movimiento populista de tendencia izquierdista de la presidenta y su fallecido esposo y antecesor Néstor Kirchner. Pero recibió el aval de Fernández y podría beneficiarse de su popularidad.

“Yo puedo y voy a hacer lo que haga falta: sostener lo que haya que sostener, profundizar lo que haya que profundizar y cambiar lo que haya que cambiar. Y lo voy a hacer a mi manera, con diálogo, con consenso”, dijo Scioli en el cierre de campaña, una frase con la que buscó marcar distancias con el estilo beligerante de la mandataria.

Macri, alcalde de la ciudad de Buenos Aires y ex presidente del club de fútbol Boca Juniors, es el principal candidato opositor. Sergio Massa, un peronista disidente, se postula por su cuenta. Massa ha caído bastante en las encuestas y es previsible que no saque demasiados votos. En una eventual segunda ronda sus electores podrían inclinarse por Macri.

En las últimas encuestas Scioli aventaja por hasta 10 puntos a Macri, con quien no hace mucho registraba un empate técnico. Su despegue coincide con el nombramiento de Carlos Zannini, estrecho colaborador de Fernández, como compañero de fórmula. Tras ese anuncio, Fernández le dio su apoyo a Scioli y comenzó a hacer campaña con él.

Las primarias ofrecen a Scioli y a Macri la oportunidad de poner a prueba sus estrategias. Si Scioli gana por un amplio margen, seguramente seguirá alineado con Fernández. Si a Macri le va mal, es previsible que vuelva a criticar duramente a Fernández con la esperanza de captar votos independientes.

En esta imagen del viernes 17 de julio de 2015, la presidenta argentina, Cristina Fernández, a la derecha, habla con su ministro de Economía, Axel Kicillof, durante una cumbre de Mercosur en el palacio de Itamaraty, en Brasilia, Brasil. (AP Foto/Joedson Alves)

En esta imagen del viernes 17 de julio de 2015, la presidenta argentina, Cristina Fernández, a la derecha, habla con su ministro de Economía, Axel Kicillof, durante una cumbre de Mercosur en el palacio de Itamaraty, en Brasilia, Brasil. (AP Foto/Joedson Alves)

Seis meses atrás nadie se hubiera imaginado que a esta altura Fernández, de 62 años, desempeñaría un papel tan importante. Su gobierno había sido estremecido por la misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman el 18 de enero, horas antes de presentarse ante el Congreso para dar detalles de sus explosivas acusaciones. Nisman afirmaba que Fernández había encubierto el supuesto papel de funcionarios iraníes en un atentado contra un centro judío de Buenos Aires en el que murieron 85 personas en 1994.

Fernández negó las acusaciones, las cuales fueron posteriormente desestimadas por la justicia, que aún no ha podido establecer si Nisman se suicidó o fue asesinado.

La presidenta hizo un manejo torpe del escándalo y su popularidad cayó abruptamente, hasta llegar a casi 30%. Hacia mayo ya había subido a 40% y a fines de julio era de 50%, según Roberto Bacman, director del Centro de Estudios de la Opinión Pública.

Tenemos un fenómeno muy particular”, declaró Bacman, quien atribuyó la popularidad de Fernández en parte a que a los argentinos no les gustan los cambios bruscos en el rumbo económico.

Luego de prometer durante meses que encaminaría al país en otra dirección para atraer la inversión extranjera, Macri dio un giro hace dos semanas y empezó a decir que apoyaba la estatización de Aerolíneas Argentinas y de la empresa energética YPF.

El giro fue visto como una admisión de que Macri no podía presentarse como un candidato decidido a deshacer todo lo que hizo Fernández cuando la mitad del electorado apoya a la mandataria.

Scioli, un ex corredor de lanchas que perdió su brazo derecho en un accidente en una competencia, ha tratado de mantener un delicado equilibrio, elogiando las políticas de Fernández por un lado y tratando al mismo tiempo de atraer el voto independiente. A menudo habla del “gradualismo” para referirse a los cambios que hará en el terreno económico.

Macri ha prometido levantar las restricciones a la compra de dólares, que son muy resistidas. Fue muy criticado y se desdijo tras ser cuestionado por el poco realismo de su plan, pero esta semana volvió a asegurar que de ser elegido las eliminará de inmediato.

Paula Alejandra Vasconcelos, una madre soltera de 45 años que vive en un barrio pobre al sur de Buenos Aires, dijo que todavía no decidió por quién votará.

Indicó que le gustó la gestión de Fernández pero que la contrariaron mucho los problemas económicos y la muerte de Nisman. “Este país es como una novela de ciencia ficción”, manifestó.