Ecuador. Viernes 24 de Marzo de 2017
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Las mujeres y su lucha

Martina Rapido Ragozzino
Quito, Ecuador

El 25 de noviembre se celebró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Dicha fecha fue escogida por ser el día de la muerte de tres mujeres luchadores, las hermanas Mirabal, activistas políticas opositoras del gobierno dictatorial de Rafael Trujillo en República Dominicana. Desde 1999 se ha venido celebrando este día pero la violencia física, psicológica, sexual y económica sigue existiendo.

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La lucha de las mujeres por la igualdad y la no violencia remonta a siglos atrás y, a pesar de ello, el Ecuador continúa siendo una sociedad fuertemente machista, donde las mujeres siguen tratando de superar la barrera de la desigualdad. Seguimos siendo “mijitas”, “doctoritas”, “niñas”, “princesas”, “mamacitas”, etc y seguimos caminando por las calles sabiendo que nos lanzarán un piropo de mal gusto.

Las mujeres siguen siendo menos pagadas que sus compañeros hombres y siguen acudiendo a entrevistas de trabajo donde les preguntan si planean o no tener hijos. Las mujeres siguen siendo quienes deben hacerse cargo de todo en el hogar y siguen sacrificando sus carreras por su esposo y sus hijos.

Numerosas campañas fueron lanzadas por todos los organismos del Gobierno para el día para la eliminación de la violencia contra la mujer. El color naranja pintó la ciudad, las redes sociales y las indumentarias de varias personas pero no basta eso para erradicar la violencia. La violencia debe erradicarse en los colegios, en los hogares, en las palabras de nuestros gobernantes.

Es difícil dar legitimidad a las campañas propuestas si los más altos representantes del Gobierno emiten comentarios machistas durante sus discrusos. Es difícil si los funcionarios públicos son los primeros en hacer sentir incómodos a una mujer cuando acude a una institución pública. Es difícil si se siguen viendo en las redes sociales comentarios sobre el rol de la mujer en la cocina, en la casa y con los hijos. Es difícil si se sigue describiendo a la mujer perfecta como la mujer sumisa, dependiente de su esposo, que sepa cocinar y que ponga a su familia por sobre su carrera.

Los índices de violencia intrafamiliar contra las mujeres y de feminicidios siguen siendo altos en todos los países del mundo. A pesar de que existen mecanismos para reclamar estos actos, muchas veces las mujeres son revictimizadas o sufren de más violencia por parte de las autoridades. La violencia no es solo la física recibida en casa, sino también la falta de capacidad de las autoridades de tratar dichos casos. Si quien recepta la denuncia insinúa que es culpa de la mujer si le hayan pegado, o si quien tramita el caso hace comentarios respecto a cómo debe “aguantar” eso por ser el agresor su marido, se continúa con el patrón de discriminación.

Muchas veces, si una mujer se queja de la violencia o de las desigualdades es tachada de feminista, como si ser feminista fuera algo negativo. El feminismo no es lo mismo que el machismo. El machismo pone al hombre por sobre la mujer, el feminismo busca la igualdad de hombres y mujeres. Por lo tanto, si una mujer es “acusada” de ser feminista, debe asentir y sentirse orgullosa de ello, porque significa que está exigiendo igualdad no solo para ella sino para todas.

No se puede tratar de erradicar la violencia contra la mujer en un solo día. Todos los días deberían ser días para la eliminación de la violencia contra la mujer. Todos los días deberíamos estar pintados de naranja, no solo nuestra indumentaria sino nuestras acciones. Todos los días debe seguirse apoyando a las mujeres y su lucha.