Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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La increíble historia del limosnero del Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO (AP) — Cuando era arzobispo de Buenos Aires, se sabía que el papa Francisco se escabullía por las noches para compartir su pan con los desamparados, literalmente sentarse en la calle y comer con ellos, como parte de su enfoque por compartir la dolorosa situación de los pobres y hacerles saber que alguien se interesaba por su suerte.


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No le es tan fácil hacer eso ahora que es papa. Pero Francisco sigue proporcionando dosis individualizadas de apoyo de emergencia para los pobres, los enfermos y los ancianos a través de un arzobispo de mucha confianza. Konrad Krajewski es el limosnero del Vaticano, un trabajo establecido hace siglos para repartir limosna, al que Francisco le ha dado un nuevo impulso para hacerlo una extensión de su propia caridad personal.

En momentos en que los estadounidenses se reunían el jueves para el Día de Acción de Gracias, Krajewski describió cómo Francisco ha redefinido el poco conocido puesto de limosnero papal y explicó el verdadero significado del dar durante una charla con periodistas amenizada con café y pastelillos a unos pasos de las puertas del Vaticano.

Konrad Krajewski.

Konrad Krajewski.

“Al principio, el Santo Padre me dijo: ‘Puedes vender tu escritorio. No lo necesitas. Necesitas salir del Vaticano. No esperes a que la gente venga a tocar el timbre. Necesitas salir y buscar a los pobres”‘, dijo el limosnero papal.

Cada mañana Krajewski recibe sus órdenes de partida: un gendarme del Vaticano se desplaza desde el hotel en que Francisco vive a la oficina de Krajewski al otro lado de los jardines de la Santa Sede, llevándole un paquete de cartas que el pontífice ha recibido de los fieles en las que le piden ayuda. Hasta arriba de cada misiva él puede escribir “Sabes qué es lo que hay que hacer” o “Ve y encuéntralos” o “Ve y habla con ellos”.

Y así Don Corrado, como le gusta que le digan, sale a las calles de Roma y más allá.

Visita hogares de ancianos en nombre del papa, emite cheques para los necesitados en nombre del pontífice, e incluso viajó a la isla de Lampedusa en representación del papa después de que un bote con inmigrantes zozobró el mes pasado, accidente en el que murieron más de 350 personas.

Durante cuatro días que pasó en Lampedusa, Krajewski trajo consigo 1.600 tarjetas telefónicas de forma que los sobrevivientes pudieran llamar a sus familiares en Eritrea para informarles que estaban con vida. También hizo oración con los buzos de la policía mientras trabajaban para sacar a los muertos del lecho marino.

“Este es el concepto: ve con la gente y comparte su vida, aun por 15, 30 minutos, una hora”, dijo Krajewski. El ex cardenal Jorge Mario Bergoglio “salía por la noche en Buenos Aires no sólo para encontrar a la gente, hablar con ella, o para comprarles algo de comer… comía con ellos. Se sentaba con ellos y comía con ellos en la calle. Eso es lo que él quiere de mí”.

La existencia del limosnero del Vaticano se remonta siglos atrás: es mencionado en una bula papal del siglo XIII emitida por el papa Inocencio III, y el papa Gregorio X, que condujo a la Iglesia de 1271 a 1276, lo organizó en una oficina de la Santa Sede para la caridad del pontífice.

Hasta que Krajewski llegó, el limosnero solía ser un diplomático del Vaticano de edad avanzada que trabajaba sus últimos años antes de que le ordenaran jubilarse a los 75. Francisco cambió todo eso, al nombrar al polaco de 50 años —el cual fungió como asistente cercano del papa Juan Pablo II en su última época— con el fin de que fuese una extensión más vigorosa, y sobre el terreno, de sí mismo.

Krajewski también le ha solicitado a otros que ayuden: ahora se convoca a guardias suizos en su día libre para que apoyen, ya sea con el fin de que ayuden a conducir a su casa a una persona que quedó varada, o recientemente para ayudar a empacar en cajas 27.000 rosarios que Francisco repartió entre el público hace algunos domingos como “medicina espiritual”.

El limosnero papal objetó cuando se le preguntó si Francisco se ha escabullido del Vaticano. “¡Siguiente pregunta!”, respondió. Pero hubo una insinuación evidente de que el papa sí podría haber salido furtivamente antes de que los guardias se percataran de ello.

El limosnero tiene dos labores: efectuar actos de caridad y recaudar el dinero para financiarlas.

La oficina de Krajewski se financia con la producción de pergaminos papales, certificados hechos a mano con una foto del papa que los fieles pueden adquirir para una ocasión especial —por ejemplo una boda, bautismo u ordenación sacerdotal— con el nombre del que lo recibe y una bendición apostólica escrita en caligrafía.

Todo lo que se obtiene por ello va directamente a labores de caridad. El año pasado la oficina gastó un millón de euros (1,4 millones de dólares) en 6.500 solicitudes de ayuda. Krajewski dijo que es probable que esas cifras se hayan duplicado este año.

Las cantidades que se reparten no son elevadas: hace poco Krajewski envió un cheque por 200 euros (270 dólares) a una anciana de Venecia que le escribió a Francisco lamentándose que un carterista le había robado 54 euros (75 dólares).

Las labores de caridad por montos mayores y a más largo plazo son manejadas por la federación internacional Cáritas, del Vaticano, o por Cor Unum, una oficina de la Santa Sede. El limosnero, explicó Krajewski, es más un puesto caritativo de “primeros auxilios”: dosis rápidas y pequeñas de ayuda que no requieren salvar obstáculos burocráticos, pero que de todas formas son sinceras y conllevan algo de sacrificio.

“El ser limosnero tiene que costarme algo, de forma que pueda transformarme”, afirmó. Contrastó ese tipo de caridad con, por decir algo, la de un cardenal de quien no reveló su nombre, el cual alguna vez presumió que siempre daba dos euros a un pordiosero en una calle cercana al Vaticano.

“Le dije: ‘Eminencia, eso no es ser un limosnero. Usted puede dormir en paz en la noche, pero ser limosnero le debe costar algún trabajo. Dos euros no es nada para usted. Tome a esta persona pobre, llévela a su amplio apartamento que tiene tres baños, permítale que tome un duchazo — y su baño apestará tres días_, y mientras él se ducha prepárele café y sírvaselo, y tal vez regálele su suéter. Eso es ser un limosnero”.

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