Del amor y otros demonios
Guayaquil, Ecuador.
Guayaquil, Ecuador.
En estos días, el Presidente Correa ha dado dos muestras inconfundibles de su hostilidad al rol que los medios de comunicación desempeñan en una democracia constitucional. La primera fue la entrevista con Julian Assange, célebre fundador de Wikileaks, a quien el Presidente Correa resumió perfectamente su filosofía sobre los medios. Según Correa, no es cierto que los periodistas sean unos angelitos perseguidos por gobiernos malignos, sino todo lo contrario: los gobiernos son los ángeles y los periodistas son los demonios. Coherente con esa premisa ideológica, el Presidente protagonizó este sábado un segundo incidente, más histriónico: romper un ejemplar del diario La Hora por una publicación que le disgustó e incitar a la ciudadanía a un boicot masivo contra la prensa privada, que consistiría en que la gente deje de comprar cualquier periódico que no sea El Telégrafo, principal diario estatal.
Sin duda alguna, es más fácil plantearse la pregunta que responderla. Existen tantos ejemplos de estructuras de gasto público como países y están tan influenciadas por razones políticas, culturales, geográficas, demográficas, etc., que resulta complicado determinar qué nivel de gasto es excesivo. Teóricamente, el sector privado es el encargado de generar crecimiento en la economía y el sector público el responsable de asegurar que esta funcione correctamente, ya sea brindando bienes y servicios, protegiendo a los ciudadanos y sus bienes, redistribuyendo la riqueza, etc.
En principio los resultados de la elección en Grecia de este mes y las elecciones presidenciales de Ecuador del próximo año no deberían estar relacionados en lo absoluto. Sin embargo, la globalización de la economía mundial, ese monstruo neoliberal que no respeta ni siquiera a las patrias altivas y soberanas como la nuestra, trae como consecuencia que los efectos de las crisis en regiones tan distantes, tengan impactos sensibles en nuestra economía.
A inicios del 2012 el Conatel, con el Ministro de Telecomunicaciones a la cabeza resolvieron y lo más importante anunciaron que las recargas para los teléfonos celulares dejarían de tener caducidad. Eso con el devenir de los días y su implementación por parte de las operadoras, puso la verdad sobre la mesa, esto es que de acuerdo con los contratos de concesión de las operadoras, la vigencia de las recargas nunca vencía o se perdía y que el uso de los saldos no utilizados estaba atado a que la línea esté o no activa, y en esto el tiempo de 90 días es el límite.
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