Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Alan García en Macchu Picchu

El presidente de Perú, Alan Garcia, asiste hoy, jueves 7 de julio de 2011, a una ceremonia en Machu Picchu, Cusco, (Perú) en el homenaje por el centenario de la localización del lugar. Al acto asistieron representantes de los cuatro suyos (territorios) del Imperio Inca.


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La ciudadela inca de Machu Picchu es hoy una de las nuevas maravillas del mundo y el principal atractivo turístico de Perú, pero todavía guarda el secreto de qué función cumplía cuando fue construida en el siglo XV por el inca Pachacútec.

Muchas teorías se han escrito sobre qué uso tenía la popular ciudad, desde las más antiguas que señalan que era la residencia de descanso del emperador, hasta las ideas actuales que destacan la importante función que cumplió como nexo entre las zonas andinas y amazónicas del Imperio.

El director del Parque Arqueológico de Machu Picchu, Fernando Astete, es un decidido defensor de esta última versión: una ciudad a medio camino que servía como centro político, religioso y administrativo.

Con una población estimada de unas 500 personas, las tierras de cultivo en los alrededores no generaban suficiente alimento para mantener a los habitantes de Machu Picchu, lo que obligaba a que hubiera una relación de intercambio comercial con el exterior.

Así, a la ciudad llegaban tanto los productos tradicionales de los Andes, como los tubérculos y la carne de camélidos, como productos básicos para la cultura inca como la hoja de coca, la madera de chonta (palma espinosa) o las plumas de aves exóticas, todas ellas provenientes de la selva alta.

Este intercambio comercial se sustenta también en los ocho caminos de entrada y salida que tiene Machu Picchu, algo que para Alfredo Mormontoy, arqueólogo de la Universidad San Antonio Abad de Cuzco, desmonta totalmente la opinión romántica de una fortaleza militar.

“Para aceptar un carácter militar debería haber fortificaciones y pocas vías de acceso, lo que no es el caso”, señaló Mormontoy.

El arqueólogo peruano también dice que los años de investigaciones sobre el terreno han mostrado evidencias de una ocupación continua de la ciudad, así como personas de diferente rango social, desde pueblo llano a élite gobernante.

Esto elimina la posibilidad, basada en documentos del siglo XVI, de que Machu Picchu fuera un sitio de descanso del Emperador y refuerza la idea de un centro poblado y con actividad continua.

Las investigaciones de Mormontoy sí abonan, sin embargo, otro de los supuestos que rondan a la ciudadela a la que Hiran Bingham llegó en 1911: que fue abandonada de improviso y con la idea de no retornar.

“Mis investigaciones en 2004 me han permitido encontrar gran cantidad de ofrendas en el templo del sol. Ofrendas que tapaban todo el sistema de drenaje, algo que solo tiene sentido tapar en el momento en que sabes que nadie va a regresar nunca más”, explicó el arqueólogo.

Los estudios también muestran aspectos como que Machu Picchu fue una ciudad inacabada y que las canteras de donde se sacaba el material para la construcción se encontraban en el propio recinto.

Aunque se inició, según las dataciones de carbono 14, hacia 1430, unos 100 años antes de la llegada de los conquistadores españoles, cuando fue abandonada aún continuaban los trabajos de construcción, como muestran la presencia de muros en proceso de pulido y rampas para el transporte de piedras aún por cortar.

Sin embargo, el propio experto peruano señala que aún falta mucho por descubrir sobre las imponentes y populares ruinas pues las últimas investigaciones muestran que a pesar de todo el trabajo que se ha realizado en Machu Picchu, sólo alrededor de un 60 por ciento de la ciudadela ha sido estudiado.

EFE/Presidencia de Perú