Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Agroquímico glifosato es “seguro”, dice Monsanto

Argentina (AP) — Monsanto Co. ha pedido que se creen más controles para la producción de agroquímicos, entre ellos su línea de herbicidas fabricada con base en glifosato ‘roundup’, usado para eliminar malezas, en respuesta a un reporte de The Associated Press sobre las preocupaciones que han generado las aplicaciones de pesticidas, que no se hacen tal como las leyes lo prevén, y que están afectando la salud humana en Argentina.


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“Si los pesticidas están siendo mal utilizados en Argentina, entonces es en el mejor interés de todos, el público, el gobierno, los agricultores, la industria y Monsanto, que se detenga su mal uso”, dijo la empresa con sede en Saint Louis, Missouri, después de que se publicara el reporte de la AP el domingo.

La empresa criticó el reporte de la agencia porque, según ella, carecía de datos específicos sobre los impactos a la salud, aunque la historia citaba documentos hospitalarios como certificados de nacimiento, documentos judiciales, estudios revisados por pares médicos y científicos, encuestas epidemiológicas que se hicieron de manera continua, datos de la industria de los pesticidas y del gobierno, además de una extensa auditoría sobre el uso de agroquímicos de 2008 a 2011 preparada por la Auditoría General de la Nación argentina.

Cuando se le preguntó la postura de Monsanto sobre esto, el portavoz Thomas Helscher dijo a la AP, en un mensaje de correo electrónico el martes, que “la ausencia de datos confiables dificulta mucho establecer tendencias en la incidencia de enfermedades y todavía más difícil establecer relaciones causales. En nuestro conocimiento, no hay relaciones causales establecidas”.

Antes, la empresa criticó el reporte de la AP al decir que era “demasiado general al señalar a todos los ‘pesticidas’, cuando sabemos que el glifosato es seguro”.

“La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y otras agencias no sólo han dicho que no hay evidencia acerca de la carcinogenicidad (propensión al cáncer), sino que han ido más allá al otorgarle la calificación ‘E’, la más alta, y que significa que hay evidencia afirmativa de que el glifosato no causa cáncer en humanos”.

Médicos argentinos entrevistados por la AP dijeron que en una cantidad de casos —no experimentos de laboratorio— muestran una aparente correlación entre la llegada de la agricultura industrial intensiva y las crecientes tasas de cáncer y defectos congénitos en las comunidades rurales y están pidiendo estudios más amplios y de más largo plazo para descartar la exposición química como una causa de éstas y otras enfermedades.

“La historia es demasiado amplia en acusar a los ‘plaguicidas’, cuando sabemos que el glifosato es seguro”, respondió Monsanto. “La Agencia Ambiental de Estados Unidos y otras agencias no sólo dicen que no hay evidencia de carcinogenicidad, sino ir más allá para darle la más alta calificación, ‘E’, lo que significa que no hay evidencia positiva de que el glifosato no causa cáncer en los humanos”.

Sin embargo, la aseveración de Monsanto sobre la seguridad del glifosato tiene un problema, de acuerdo con sus críticos. Aunque la sustancia es menos tóxica en términos de exposición precisa de éste, que muchos otros herbicidas, insecticidas y fungicidas, el glifosato es mezclado rutinariamente con otros químicos cuando se aplica a los cultivos. El rocío que queda a la deriva desde los campos y se filtra hacia las aguas subterráneas se suma a otra carga química general, una mezcla de muchos otros ingredientes individuales.

En 1996, Monsanto pagó una multa de 50.000 dólares y aceptó dejar de promover el glifosato como sustancia “segura”, después de que un fiscal en Nueva York demandó a la empresa por falsa publicidad.

Monsanto reconoció que la aprobación de la agencia ambiental estadounidense “no es una garantía o hallazgo de seguridad” porque las regulaciones de Estados Unidos se basan en un análisis costo-beneficio, que hace un balance entre el potencial de “cualquier riesgo no razonable para el hombre o el medioambiente” y los “costos y beneficios económicos, sociales y ambientales por el uso de algún pesticida”.

La ley federal argentina sigue un estándar diferente. Señala que cuando “se enfrenta con la posibilidad de daño serio e irreversible”, quienes usan los químicos deben asegurarse de que protegen la salud humana y el medioambiente, incluso cuando “se carezca de información o certidumbre científica” sin “importar los costos y consecuencias”.

Fabián Tomasi, un peón de campo que trabajó muchos años en el manejo de sustancias químicas usadas en los cultivos, fotografiado el 29 de marzo del 2013 en su residencia de Basavilbaso, en la provincia argentina de Entre Ríos. Tomasi dice que nunca se lo entrenó en el manejo de estas sustancias ni se le dio equipo protector. Hoy padece de polineuropatía y está demacrado. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Fabián Tomasi, un peón de campo que trabajó muchos años en el manejo de sustancias químicas usadas en los cultivos, fotografiado el 29 de marzo del 2013 en su residencia de Basavilbaso, en la provincia argentina de Entre Ríos. Tomasi dice que nunca se lo entrenó en el manejo de estas sustancias ni se le dio equipo protector. Hoy padece de polineuropatía y está demacrado. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Dos escolares pasan en una motocicleta junto a un terreno donde se cultiva maíz modificado genéticamente en Pozo del Toba, provincia argentina de Santiago del Estero. La biotecnología afianzó a Argentina como exportador de materias primas, pero el rociado de sustancias químicas no sigue las normas de seguridad y contamina viviendas, aulas y el agua. Numerosos médicos dicen que estas sustancias pueden ser las responsables de un aumento en una serie de enfermedades. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Dos escolares pasan en una motocicleta junto a un terreno donde se cultiva maíz modificado genéticamente en Pozo del Toba, provincia argentina de Santiago del Estero. La biotecnología afianzó a Argentina como exportador de materias primas, pero el rociado de sustancias químicas no sigue las normas de seguridad y contamina viviendas, aulas y el agua. Numerosos médicos dicen que estas sustancias pueden ser las responsables de un aumento en una serie de enfermedades. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Dos niñas juegan con hondas junto a campos de soja modificada genéticamente en Avia Terai, en la provincia argentina de Chaco, el 31 de mayo del 2013. La biotecnología afianzó a Argentina como exportador de materias primas, pero el rociado de sustancias químicas no sigue las normas de seguridad y contamina viviendas, aulas y el agua. Numerosos médicos dicen que estas sustancias pueden ser las responsables de un aumento en una serie de enfermedades. (AP Photo/Natacha Pisarenko).

Dos niñas juegan con hondas junto a campos de soja modificada genéticamente en Avia Terai, en la provincia argentina de Chaco, el 31 de mayo del 2013. La biotecnología afianzó a Argentina como exportador de materias primas, pero el rociado de sustancias químicas no sigue las normas de seguridad y contamina viviendas, aulas y el agua. Numerosos médicos dicen que estas sustancias pueden ser las responsables de un aumento en una serie de enfermedades. (AP Photo/Natacha Pisarenko).

Aixa Cano, de 5 años y quien tiene verrugas peludas en todo el cuerpo, foografiada en su casa en Avia Terai, provincia argentina del Chaco, el 1ro de abril del 2013. Los médicos no pueden explicar el origen de las verrugas, aunque sospechan que puede estar ligado al uso de agroquímicos en los cultivos de la zona.(AP Photo/Natacha Pisarenko)

Aixa Cano, de 5 años y quien tiene verrugas peludas en todo el cuerpo, foografiada en su casa en Avia Terai, provincia argentina del Chaco, el 1ro de abril del 2013. Los médicos no pueden explicar el origen de las verrugas, aunque sospechan que puede estar ligado al uso de agroquímicos en los cultivos de la zona.(AP Photo/Natacha Pisarenko)