Ecuador. miércoles 20 de septiembre de 2017
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Literatura + enfermedad = deseo en la escritura

Cristian López Talavera
Quito, Ecuador

Escribir poesía es escribir el testimonio de un tiempo, de un acontecer en la vida, sea individual o colectivo.

Cristian López Talavera

Así se plantea La mitad opuesta, de Juan Secaira, una escritura que deviene desde la experiencia de lo real: el dolor como frontera a la enfermedad y la enfermedad como retorno al principio del vivir. Esta mitad opuesta que es mirar al atrás, ese desconocido al cual el poeta retorna para visitar y dialogar.


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La mitad opuesta de Juan Secaira es la zona muda*. La enfermedad el preámbulo, la sala de espera hacia lo otro, hacia ese lugar donde cohabitan la infancia y la vejez, pero es la escritura el testimonio, las palabras aquellas flores del mal, las que narran la imposibilidad de la vida.

“Estos poemas fueron escritos/ con la mano menos hábil […] el punto donde al volver partimos”. Estos versos que abren el libro dialogan con su otro, que es la mismidad. La enfermedad abre nuevas posibilidades al cuerpo. La mano derecha es invisible, ahora la escritura deviene de la izquierda, la zona muda, la que no siente, pero se apersona del dolor de su mismo cuerpo.

Juan Secaira escribe desde el yo lírico, experiencia y escritura. El dolor, la enfermedad es el misterio del ser humano, pero es la palabra poética la que nos acercan a ella, a su invisibilidad. Ausencia de muerte: “[…] escribir poesía/ bajo unas manos/ muertas”. Secaira sabe que la enfermedad se distancia de lo colectivo, se individualiza, aquí se presenta un cuerpo vulnerable, el sujeto lírico sabe que está solo y recurre a  otras presencias para construirse más allá de las palabras. Sus hijos, sus amigos, su esposa; la familia es la escritura que transparenta el oficio de vivir. En el poema Tatiana dice “[…] que el sufrimiento sea viruta/ en la escultura que unidos construimos por placer”. Pedro Gil retoma la fórmula de Roberto Bolaño “Literatura + enfermedad= enfermedad” y culmina con “tu fuego no se apagará nunca” (refiriéndose a la creación literaria de Secaira). La palabra poética como ese fuego del lenguaje, el deseo en el placer de vivir, resultado de la escritura. La enfermedad en Secaira se resitúa desde el deseo del cuerpo. La inmovilidad frente a la amenaza de la pérdida; dice “En la honda tristeza vive un enfermo dichoso […]/ virtuosa ofrenda métrica de una línea que ya no es/ horizonte”; por tanto se diría Literatura + enfermedad = deseo/placer/goce en la escritura.

Estos textos que fueron escritos en servilletas, papelitos, en lugares deshabitados, nostálgicos develan una escritura neurótica, el poeta se siente amenazado por la muerte; en el poema Gradas en un pasillo blanco, Secaira nos sitúa en un hospital, previo a sus tratamientos, el sujeto lírico se enfrenta al espacio “[…] algo en el cuadro impide respirar”. El cuerpo del sujeto lírico es anárquico, se rebela ante él, la mano, constantemente, va y viene “No habrá mejor despedida/ que ver el cuerpo caer”. Lucha con el lenguaje.

La posibilidad de entender a la muerte desde el campo de un diario de enfermedad, esa es la propuesta de Juan Secaira. Una mitad opuesta que puede ser, tranquilamente, un espejo doble cara, donde la escritura es esa zona muda donde se refleja el yo y el otro/ el muerto, así quería Borges, así lo ha escrito Secaira.