Proforma 2018: los mismos trucos para mostrar una situación fiscal menos preocupante

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6 Nov 2017

En un comunicado de prensa sobre el envío a la Asamblea de la Proforma Presupuestaria para 2018, el Ministerio de Finanzas resalta que ésta “asciende a $34.853 millones, lo que representa un nivel de gasto menor en 5,3 % respecto del alcanzado en el Presupuesto aprobado para 2017” y que “se ha realizado un esfuerzo muy importante de reducción de gastos, en el marco del Decreto de Austeridad y de las políticas del Gobierno Nacional de optimización del uso de recursos públicos por lo que, junto a las definiciones establecidas en el programa económico, han permitido avanzar con la reducción progresiva del déficit fiscal, que para 2018 alcanzará el 3,9% del PIB.” Sin embargo, un análisis más detallado de la Proforma permite constatar que, lamentablemente, los esfuerzos de austeridad (si los hay) están lejos de ser suficientes y que, como ya ocurrió con la Proforma aprobada para este año, se está subestimando la magnitud del déficit fiscal.

A finales de julio, al presentar la Proforma para 2017, irresponsablemente aprobada por la Asamblea, el Gobierno aseguró que el monto de la misma implicaba un crecimiento de apenas 2% respecto al Presupuesto codificado del año anterior. En su momento advertimos que se trataba de una comparación engañosa, ya que el Presupuesto codificado no es más que una proyección de los ingresos y los gastos fiscales con corte a determinada fecha, y la comparación debió hacerse respecto al Presupuesto devengado (es decir, el que finalmente se ejecutó): en ese caso el incremento era de 8%. Ahora, al presentar la Proforma para 2018, el Gobierno vuelve a incurrir en una comparación engañosa al asegurar que los $34.853 millones implican un recorte en el gasto de 5,3% frente al Presupuesto aprobado para este año. Si bien el Presupuesto aprobado para 2017 es de $36.818 millones, el gasto devengado hasta octubre, incluyendo amortización de la deuda pública, suma $25.054 millones. Eso significa que para llegar a $36.818 millones el Gobierno debería gastar $11.764 millones sólo entre noviembre y diciembre, $3.000 millones más (o 34% más) que lo que el Gobierno anterior gastó en igual período de 2016. Si en los dos últimos meses de 2017 se gasta lo mismo que en noviembre y diciembre de 2016 (cuando el país vivía la campaña electoral), el Presupuesto devengado de 2017 cerrará en torno a los $34.000 millones, por lo que la Proforma para 2018 implicaría en realidad un incremento.

De hecho, incluso si se la compara con el Presupuesto aprobado para 2017 (cuyo monto, como se vio, quedará muy por encima del Presupuesto que realmente se ejecute), la Proforma para 2018 muestra aumentos en rubros importantes como gastos en personal, bienes y servicios de consumo, gastos financieros (es decir, intereses, lo que es consecuencia de la onerosa deuda contratada a lo largo de este año) y transferencias y donaciones corrientes. Es decir, el gasto corriente, lejos de moderarse, continúa creciendo. El recorte, en realidad, se limita al gasto de inversión (y para asegurar que se trata efectivamente de un recorte habrá que ver en cuánto cierra el gasto de inversión devengado de 2017) y, sobre todo, a la amortización de la deuda pública, que pasa de $7.034 millones en el Presupuesto aprobado para 2017 a $3.909 millones en la Proforma para 2018. ¿Cómo consiguió el Gobierno reducir casi a la mitad el monto destinado a la amortización de la deuda apenas de un año para otro? Es importante que Finanzas dé una explicación clara al respecto.

Por el lado de los ingresos, el Gobierno cae nuevamente en la sobrestimación de los rubros principales. Para los ingresos tributarios, la proyección para 2018 es de $15.344 millones, lo que implica un aumento en torno al 10% respecto al monto que efectivamente se percibirá en 2017 (el Presupuesto aprobado para este año supone un aumento de 7% respecto a los ingresos tributarios de 2016, pero hasta octubre el incremento ha sido de apenas 1,6%). Incluso tomando en cuenta los aumentos arancelarios anunciados por el Gobierno, un incremento de 10% luce excesivo. Peor aún, por concepto de “Transferencias y donaciones de capital e inversión” (principalmente ingresos petroleros), la Proforma 2018 proyecta ingresos por $3.206 millones, monto muy similar al aprobado para 2017, sin embargo, hasta octubre de este año por ese concepto han ingresado al Presupuesto apenas $1.411 millones (suponiendo que esos ingresos son genuinos) y no hay razones para creer que esos ingresos puedan dar semejante salto. De este modo, lo más probable es que, al igual que en 2017, el déficit estimado por el Gobierno para 2018 nuevamente esté subestimado y en realidad, salvo que se dé un genuino recorte en el gasto, supere el 5% del PIB.

En ese contexto se enmarca el envío a la Asamblea del paquete de medidas tributarias que el Gobierno denomina Programa Económico. Se trata en realidad de un conjunto de acciones con un objetivo claramente recaudatorio que no generan incentivos para la inversión (en ese sentido, también parece estar sobrestimada la proyección de crecimiento económico de 2,04% en la que se basa la Proforma) y que, al parecer, lo que buscan es generar nuevos ingresos para poder seguir financiando un insostenible nivel de gasto que el Gobierno (que mantiene el mismo equipo económico de su antecesor) se resiste a recortar.

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