Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Vallas contra el femicidio causan controversia en Quito

Foto de cartel publicitario contra el femicidio, posteado por Fernando Salme en su página de Facebook.

Fueron una iniciativa de la concejala Carla Cevallos, de SUMA: cuatro vallas gigantes con la leyenda “Si puta es ser libre y dueña de mi cuerpo soy puta… y qué? No más cruces rosadas”. Se trata de una campaña cuya intención es prevenir el femicidio en Quito.


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En principio, la idea de la edil quiteña es atacar precisamente el uso de esa palabra, que por lo general se usa en la sociedad capitalina para insultar a las mujeres por su conducta. En declaraciones a Diario El Comercio Carla Cevallos ha expresado: “No entiendo por qué asustarse por la palabra puta y no por las muertes que se generan todas las semanas por la violencia de género, por las múltiples mujeres que están sufriendo violencia psicológica, física y sexual. Somos una sociedad hipócrita porque se asusta por la palabra puta y no por la realidad que vivimos”.

Si bien la iniciativa ha despertado posiciones a favor y en contra, sobre todo en las redes sociales, la intención de la concejala ha sido incomprendida y cuestionada duramente, por usar en el espacio público, que también habitan niños, una palabra que es considerada un insulto.

Un usuario de Facebook, José Hernán Suárez, ha publicado junto a la foto de la valla, el siguiente cuestionamiento a la concejala: “Srta. o Sra. Concejala Carla Cevallos Romo, está usted segura que niños y niñas que miran todos los días este tipo de manifestaciones modernas tendrán el criterio para interpretarlas como usted piensa? No todo el pueblo tiene un criterio formado para interpretar sus intensiones... Cómo puede utilizar el dinero del pueblo para poner en distintos lugares de la ciudad una campaña sin una promoción inteligente?”

La polémica por las vallas publicitarias ha despertado un debate álgido en Twitter, donde usuarios se han expresado enérgicamente a favor o en contra de la iniciativa de la concejala. Rita Aguirre puso en su cuenta de Facebook: “LOS QUITEÑOS NOS MERECEMOS RESPETO, el idioma español tiene miles de palabras para ser utilizadas en una campaña a favor de los derechos de las mujeres. Como es posible que estos letreros se hayan ubicado en la ciudad generando descontento y malestar ciudadano? Estamos en derecho de defender lo que nuestros hijos miran en las calles… que entiende una niña de 10 años al leer algo así?…”.

La intelectual y estudiante de publicidad Luciana Musello, en declaraciones a La República, ha manifestado que: “La polémica generada alrededor de la campaña es un ejemplo clarísimo de lo que Jaques Lemarchand calificaría como la cantidad de gente a la que le estorba su propia inteligencia -hecho del que siempre se aprovecha la publicidad-. La campaña es intencionalmente provocadora. Punto. Juicios como “interesante” o “reduccionista” están de más. La campaña logró su objetivo gracias a la sensiblería penosa de los quiteños. Como mujer y publicista digo: felicitaciones a la agencia publicitaria que conoce a su público objetivo, y a las personas que aprobaron una campaña con “palabrotas” en una ciudad en la que ser decente es hablar suavecito.

El académico Juan Diego Reyes ha cuestionado, sin embargo, la relevancia de este debate: “Ojalá se pudiera canalizar la rabia para educar, a todos, no para dividir entre putas e hipócritas. No hay ganancia en esta campaña. No estamos debatiendo sobre cómo evitar el femicidio, o cómo hacer la ciudad más segura para las mujeres”.

Una de las vallas se encuentra a pocos metros del redondel del Condado.